LA MUJER AZTECA.

Patrona mejicana de los nacimientos, partos y diosa de los lagos.
POR. KATARZYNA SZOBLIK Historiadora (Universidad de Varsovia)

Si creemos a las fuentes recogidas a principios del período colonial, los aztecas eran “águilas” y “ocelotes” invencibles, elegidos por el Sol para mantener el universo derramando su sangre y la de sus enemigos. De acuerdo con esta ideología, organizaron la educación de los jóvenes guerreros, desarrollaron un sistema de avance social basado en los logros militares y dedicaron la mayoría de su tradición histórica a recontar las grandes batallas de sus antepasados. ¿Cuál pudo haber sido entonces el papel de la mujer dentro de una sociedad tan militarizada? ¿Estaban las mujeres incorporadas dentro de la ideología guerrera como participantes activas o eran simples testigos pasivos y silenciosos de la actividad masculina? Tictlacpehualli, titenamaztli: “Eres la cubierta para el fuego, eres trébedes para la olla”. Las fuentes coloniales, a primera vista, parecen optar por esta segunda versión.

Ahuianime (Diego Ribera).

Si el arquetipo del varón azteca presentado en ellas es el de un guerrero valeroso, que dedica su vida a ganar la gloria en el campo de batalla, el modelo femenino ideal está inscrito en el entorno de la casa. Los informantes indígenas de fray Bernardino de Sahagún caracterizaron a “la buena mujer” como la que “(…) es diestra en la obra de texer y labrar. Es buena maestra de guisar la comida y bebida. (…) Es diligente y discreta”. En otras palabras, las dos características principales de la mujer azteca serían la habilidad para cuidar el hogar y no llamar demasiado la atención hacia sí misma fuera de él.

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