ESTUDIO SOBRE EL ALMA DE LOS ANIMALES – ÚLTIMA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA.

TUMBAS DE MASCOTAS

Por Juan José Sánchez Oro

LAS CREENCIAS SOBRE LA SUPERVIVENCIA MÁS ALLÁ DE LA VIDA DE NUESTRAS MASCOTAS HAN CAMBIADO NOTABLEMENTE CON EL PASO DEL TIEMPO.

No está científicamente probado que esos otros seres queridos, peludos y de cuatro patas que conviven con nosotros tengan una segunda vida después de fallecer. La posibilidad de que nuestras mascotas tengan alma es algo contemplado por algunas corrientes religiosas, pero más allá de la fe no existe una evidencia segura.

 Lo que sí puede afirmarse con rotundidad es que la creencia humana en la supervivencia de perros y gatos tras la muerte ha crecido notablemente en las últimas décadas. Cada vez estamos más convencidos de que una vez nuestros compañeros domésticos nos dejen, volveremos a reunirnos con ellos cuando nosotros abandonemos este mundo.

 Así lo ha comprobado un reciente estudio efectuado por la Universidad de Newcastle y publicado en la revista Antiquity. Para ello, el equipo de investigadores analizó las inscripciones contenidas en 1.000 lápidas funerarias de cuatro cementerios británicos de mascotas: la necrópolis más antigua en el londinense Hyde Park, el People’s Dispensary for Sick Animals en Ilford, Jesmond Dene y Northumberland Park en Newcastle.

 El período temporal objeto de evaluación abarca desde 1880 y 1980. Cien años que han deparado cambios significativos en las creencias de los seres humanos con respecto al más allá de sus animales domésticos. La conclusión del estudio apunta a que en época victoriana los mensajes de las lápidas resultaban más sobrios hacia las mascotas.

Se hacía referencia a que los perros y gatos eran «amigos» o «compañeros». Apenas se expresaba la esperanza de una posible reunión futura del animal con el dueño y los símbolos típicamente religiosos como cruces cristianas o estrellas judías de David brillaban por su ausencia, quizás por entenderlas inapropiadas para las mascotas o no ser algo públicamente aceptable para seres vivos no humanos.

COMPAÑEROS EN LA VIDA Y EN LA MUERTE

 En cambio, tras la Segunda Guerra Mundial, aflora una transformación muy profunda. Las alusiones a perros y gatos reciben el tratamiento de «miembros de la familia». Incluso se empiezan a usar para ellos los apellidos familiares sobre las lápidas y muchos dueños se identifican como el «papá» o «mamá» de la mascota en cuestión.

También se incrementa notablemente el número de personas que esperan reunirse con sus animales domésticos tras la muerte y los símbolos de naturaleza religiosa aumentan su presencia hasta un 20%. Por consiguiente, según el estudio, «ha sucedido algo curioso: aunque la ornamentación de las lápidas de las personas ha ido haciéndose menos vistosa con el paso del tiempo, desde la Primera Guerra Mundial, con la de las mascotas ha sucedido justo lo contrario».

Y, por otro lado, lo perros han dejado de ser los protagonistas mayoritarios de los cementerios de mascotas. Ahora también cada vez más personas han optado por enterrar a sus gatos. Los investigadores creen que estos cambios encajan con el papel actual de las mascotas en la sociedad. Desde la aparición del champú antipulgas y la arena para los gatos, los animales se hicieron más domésticos, compartiendo todo el tiempo dentro de nuestras viviendas. En definitiva, las mascotas se han convertido en auténticos compañeros de vida.