AHORRAR TE HARÁ LIBRE… O ESCLAVO

Por. LOLA PONS RODRÍGUEZ. Filóloga. Catedrática de la Universidad de Sevilla. Autora de La lengua de ayer.

Antiguamente se ahorraba para librarse de una figurada esclavitud de un trabajo, un vicio o un esfuerzo.

Ahorrar nos da libertad, pero antes la daba incluso literalmente. Entre los arabismos que tiene el español, heredados de la larga presencia musulmana en la península, está el adjetivo “horro”, hoy rarísimo, pero muy usado, en cambio, en los orígenes de nuestra lengua: hay ejemplos ya desde el sigloXI.

 Horro significaba “persona de condición libre” o “esclavo liberado”; deriva de la palabra árabe hurr, que dio también resultados en lenguas hermanas y vecinas del castellano (por ejemplo, el gallego-portugués alforria con el mismo sentido de “manumisión”.

 El verbo derivado de ese adjetivo horro era en español ‘ahorrar’, que significaba “liberar a alguien de su esclavitud, manumitir”. Ahorrar era, pues, la puerta abierta a la libertad para quien no disfrutaba de ella, y con ese valor lo encontramos en los textos españoles hasta el siglo XVI: «Yo fui mucho tiempo cativo (…) mi señora me ahorró y vistiome todo de nuevo» (1511, traducción al español de Tirant lo Blanc).

 Desde esa idea de ahorrar como liberar derivó otra que es necesaria para entender la evolución de esta palabra en español, la de ahorrar trabajos o afanes. Efectivamente, ahorrar se empezó a usar de forma metafórica con el sentido de liberarse de una figurada esclavitud: la que imponía un trabajo, un vicio o un esfuerzo. Esa acepción tiende una mano a la vieja idea de ahorrar como liberar al esclavo y da lugar a otra nueva acepción: la de guardar dinero, ahorrar como liberar dinero y ponerlo aparte.

 Ese nuevo sentido económico de “ahorro” y “ahorrar” ya se constata en español a mediados del siglo XVI: «Los hombres vergonzosos se deben guardar de no comenzar atesorar ni amontonar dinero porqué por ahorrar una sola blanca, caerán en mil poquedades cada día» (Fray Antonio de Guevara, 1521). El nuevo significado del verbo ahorrar hace que crezca la frecuencia de esta palabra y que no se ahorre precisamente en nuevos derivados.

 Así, el adjetivo “ahorrativo” se usa desde el siglo XVII, en principio con un sentido negativo de “miserable”. Y la progresiva evolución de la actividad bancaria hizo que crecieran aún más los usos ligados a la palabra ahorro. La “caja de ahorros”, por ejemplo, llegó a los diccionarios del español a mediados del siglo XIX; en 1852 se definía en el DRAE como “Oficina pública destinada a recibir cantidades pequeñas que vayan formando un capital a sus dueños”.

 Otras acepciones ligadas al ahorro (como el “ahorro forzoso”, “ahorro neto o “renta del ahorro”) se pueden ver precisamente definidas en el Diccionario del Español Jurídico (en línea en la web de la RAE).

ENTALEGAR . Ahorrar es, pues, históricamente liberar algo o alguien, y es muy curioso que el español haya terminado ligando la reserva de dinero a la libertad y la soltura, ya que lo normal es que el hábito de acopiar dinero se ligue a lo contrario, a la idea de esconder o de guardar (como hoy en inglés, to save). De hecho, ese era el verbo empleado antes en español con el valor de ahorrar: en La Celestina (1499) se encomia una «buena arca para guardar dinero». Todavía hoy un sinónimo de ahorrar en español es “entalegar” (meter en la talega) y es equivalente a ahorrador el adjetivo ‘agarrado’ (o sea, el que no suelta ni libera lo que tiene). El capital de una lengua, como vemos, está en sus palabras, derrochadoras en cambios y evoluciones.