¿CÓMO SABER SI NUESTRA MASCOTA ESTÁ SUFRIENDO UN GOLPE DE CALOR?.

SON MUY SENSIBLES A LAS ALTAS TEMPERATURAS Y, EN SOLO UNOS MINUTOS, PUEDEN SUFRIR ESTE PROBLEMA QUE, DE NO SOLUCIONARLO A TIEMPO, PUEDE LLEGAR A COSTARLES LA VIDA.

POR Benito Pérez Delgado Presidente de la Asociación Española de Veterinarios Clínicos.

Las razas de perro han ido evolucionando para adaptarse al medio en el que vivían con los humanos, de forma que podemos encontrar desde nórdicos en Siberia a chihuahuas en zonas semidesérticas. A los primeros, su pelaje grueso los mantiene calientes incluso a temperaturas por debajo de los cero grados; y las grandes orejas de los segundos les sirven como sistema de ventilación y refrigeración.

 En la actualidad, estas razas se han extendido a regiones para las que no estaban preparadas a nivel fisiológico. En general, un perro puede mantener muy bien su temperatura estable cuando hace frío, pero no tiene la capacidad de desprenderse del calor cuando se eleva en exceso, ya que carece de glándulas sudoríparas repartidas por su cuerpo.

Reduce los grados de más a través de sus estructuras más vascularizadas, como las mucosas especialmente las de la boca, y con el jadeo, de forma que, al evaporarse la humedad de la lengua y la boca, logra combatir el calor. Aunque jadear es su principal mecanismo natural para controlar la temperatura, cuando esta se eleva demasiado, puede no resultar suficiente. Es cuando se produce lo que conocemos como golpe de calor. La temperatura habitual de las mascotas es ligeramente superior a la nuestra ronda los 38 °C o 39 °C, y, pese a que el gato soporta mejor que el perro el calor, ambos pueden sufrir síntomas muy graves si se eleva de forma constante durante el tiempo suficiente.

Cuando esto ocurre hipertermia, se desencadenan en el organismo del animal mecanismos de eliminación del calor jadeo, vasodilatación cutánea, transpiración por las almohadillas y cambios posturales. Si el sistema regulador no es capaz de estabilizar la temperatura y se eleva por encima de 41 °C durante un tiempo, se pueden producir graves lesiones en el animal y, si no se actúa a tiempo, provocar la muerte del mismo de manera súbita.

 Pero no todos los perros reaccionan igual. La edad tanto si se trata de un cachorro o un animal anciano es un factor que aumenta el riesgo mucho, así como sufrir enfermedades previas de origen cardiaco o respiratorio.

SE PUEDE PRODUCIR UN GOLPE DE CALOR CUANDO LA MASCOTA QUEDA CONFINADA en lugares donde la temperatura es demasiado alta, como un coche aparcado sin protección en su interior se llegan a superar los 70 °C, y el riesgo también existe cuando se realizan actividades físicas excesivas a pleno sol en épocas y horas de mucho calor.

 Asimismo, en periodos de confinamiento, como el vivido por el COVID-19, no están exentas de sufrir un capítulo de estas características si se encuentran en un balcón en el que no puedan refugiarse del sol o en una habitación con mala ventilación.

 El principal indicio de que el animal se encuentra ante un cuadro de este tipo es el jadeo, el incremento de la frecuencia respiratoria en condiciones normales es de entre 15 y 25 respiraciones por minuto. También son síntomas la presencia de babeo excesivo y taquicardia, que continúan hasta degenerar en convulsiones, pérdida de conciencia y shock mortal.

En cuanto se tenga constancia de la situación, hay que sacar al animal de ese espacio y bajarle la temperatura mojándolo con agua o alcohol o envolverlo con paños húmedos. Eso ayudará mientras se le traslada de urgencias a una clínica veterinaria.