¿CÓMO SE LEVANTAVA LA GENTE ANTES DE QUE EXISTIERAN LOS RELOJES CON ALARMA?

De todas las invenciones modernas con las que convivimos en el día a día, el reloj despertador es, tal vez, la más odiada en todo el mundo. Su alarma mañanera es la forma más molesta de sacarnos le la cama, ya sea con una dulce melodía o un ring chirriante.

Reloj Elefante de Al-Jazari (1136-1206)

 Sin embargo, por muy odiosos que sean los despertadores, también nos resultan indispensables. Pero… ¿cómo lo hacía la gente para levantarse a una hora antes de que se popularizara el uso de estos ruidosos aparatos? A lo largo de los siglos, el sencillo acto de saber la hora ha representado un reto para los humanos, que hemos intentando resolver de distintas maneras.

En los antiguos Grecia y Egipto, se diseñaron relojes de arena y obeliscos que marcaban la hora al proyectar su sombra sobre el suelo con el avance del Sol en la bóveda celeste. Allá por el año 1500 a. C., se inventaron los relojes de arena, de agua y de aceite, que calibraban el paso de los minutos con los movimientos de estos tres ingredientes. A partir de estos inventos tempranos, surgieron unos cuantos intentos rudimentarios de crear los primeros despertadores, como los relojes de cera.

 En la antigua China, se introducían clavos en las velas, estos se soltaban según se iba derritiendo la cera y caían en una bandeja de metal que había debajo. Así, el ruido que producían al golpear el metal despertaba al durmiente. Lo malo es que estos diseños eran bastante poco fiables, e impredecibles.

 Hasta que llegaran dispositivos más precisos y eficaces, los humanos tuvieron que recurrir a un método innato para medir el tiempo: su propio reloj biológico.

EL RITMO CIRCADIANO ES UN PROCESO QUE REGULA las fases de sueño y vigilia a lo largo del día. Se ve afectado, entre otras cosas, por la luz y la oscuridad: los periodos de somnolencia suelen coincidir con las horas nocturnas, mientras que estamos más espabilados durante el día.

Sasha Handley

La investigadora Sasha Handley, profesora de Historia Moderna en la Universidad de Mánchester (Inglaterra), lleva años estudiando las prácticas de sueño de los británicos en la antigüedad. Y ha descubierto que la gente solía orientar sus camas hacia el este, que es por donde sale el sol. La explicación es, en parte, religiosa, pero es posible que esta orientación también les permitiera despertarse con los primeros rayos de Lorenzo. “Hoy en día, no es fácil imaginar un mundo donde los patrones de sueño y vigilia estuvieran directamente regidos por la salida y la puesta del sol”, señala Handley.

Otro hecho simple, pero notable, es que nuestros antepasados no tenían manera de aislar sus casas de los sonidos del mundo exterior, como hacemos hoy. “Para una sociedad que era mayoritariamente agrícola antes de la Revolución Industrial, los ruidos de la naturaleza debían de ser señales muy importantes”, indica Handley. El canto del gallo o el mugido de las vacas en espera de ser ordeñadas debían de sacar a la gente de la cama en esos tiempos. Las campanas de las iglesias también funcionaban como un reloj despertador tempranero.

HANDLEY OPINA QUE, EN EL PASADO, LAS PERSONAS estaban más motivadas para levantarse a una hora en concreto. Las investigaciones sobre las costumbres de esa época apuntan a que las primeras horas del día tenían un significado esencialmente espiritual y se consideraban vinculadas con Dios. Por eso, era común ponerse en pie temprano para rezar. “Levantarse pronto se consideraba una señal de salud y buena ética”, asegura Handley.

 Por algo se acuñó el refrán “A quien madruga, Dios le ayuda”. En los siglos XVII y XVIII, salir de los brazos de Morfeo comenzó a estar algo más cronometrado gracias a los primeros relojes domésticos. Se llamaban relojes linterna, funcionaban accionados mediante pesas colgantes y poseían una campanita como alarma.

Knocker uppers

 Pero no zanjaron el problema porque, en el siglo XIX, las familias pudientes empezaron a contratar a knocker-uppers, un oficio que nació en Inglaterra e Irlanda y consistía en golpear en la ventana a determinada hora para despertar a sus clientes. Algunos, incluso, empleaban una pajita hueca por la que disparaba guisantes duros a los durmientes. Estas alarmas vivientes fueron poco a poco sustituidas por la popularización de los relojes despertadores, cada vez más asequibles, en las décadas de 1930 y 1940.

 Por otra parte, cabe plantearse si nuestra dependencia moderna de las alarmas mañaneras es algo positivo. Es posible que no. Algunos expertos apuntan que el hecho de que hoy en día se aprovechen los fines de semana para dormir es un indicador de que necesitaríamos descansar más horas entré semana. Algo que podríamos lograr acostándonos antes, aunque nos resistamos a hacerlo.