¿QUÉ SUCEDERÁ? ¿Qué nos traerá el porvenir? ¿Debemos actuar o no? ¿Y cómo?

Por: Josep María Casals 

Los romanos, igual que nosotros, se preguntaban a cada paso si las acciones que iban a emprender llegarían a buen puerto, si contaban con el beneplácito de los dioses. Para ello disponían de augures, que interpretaban el vuelo de las aves, y de arúspices, que escrutaban las entrañas de animales sacrificados.

 Si los signos eran desfavorables, incluso renunciaban a librar una batalla. Claro que también había descreídos. Durante la primera guerra púnica, en el año 249 a.C., el cónsul Publio Claudio Pulcro dirigía una flota que debía enfrentarse a los cartagineses en aguas de Sicilia.

 Estaba convencido de la victoria, pero los augurios no fueron favorables: los pollos sagrados salieron de su jaula y se negaron a comer el cereal esparcido sobre la cubierta. Irritado, el cónsul mandó lanzar al mar a estas aves, gritando: « ¡Pues si no quieren comer, que beban!». Fue derrotado. Lenin, el alma revolucionaria de los bolcheviques, también habría gritado « ¡Que beban!».

Su tenacidad se impuso, dentro de su propio partido, tanto a quienes no veían posible el triunfo de una revolución proletaria como a quienes se oponían a ella, y así empezó el siglo XX, hace cien años, en una fría noche de Petrogrado.

 Durante este período se han derrumbado muchas certidumbres, y hoy, cuando todo lo sólido parece desvanecerse en el aire, quizá lo que nos quede sea asumir el valor de pensar por uno mismo. Eso fue lo que llevó a Giordano Bruno a la hoguera un 17 de febrero, en una plaza romana donde cada año, en esa fecha aciaga, dejan flores frescas los amantes de la libertad.

VIDA COTIDIANA A TRAVÉS DE LA HISTORIA