ANTIGUAS CIVILIZACIONES – CNOSOS.

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Cnosos

Por: Ana Ruiz

CENEFAEl gran palacio minoico de la isla de Creta fue descubierto por Minos Kalokairinos en 1878 y excavado por Arthur Evans en 1900.

La civilización minoica, que se extendió desde el año 3000 al 1450 a.C., fue maestra en conjugar lo práctico y lo estético. Los antiguos cretenses amaban la danza y el teatro, eran más orfebres que metalúrgicos y fueron los primeros grandes agricultores de Europa. No elevaron templos para sus dioses, pero sí buenas viviendas, a veces con agua corriente. Legaron a Grecia su primer alfabeto el lineal B, que sería empleado en Micenas, mientras que los dos que emplearon antes continúan sin ser descifrados.

Hacia el 2800 a.C., Creta entró en un período floreciente, una era de paz, basada en ciudades palacio, el comercio con Siria, Asia Menor y Egipto y una vida cotidiana de recolección agrícola, cultura y ceremonias rituales. Esa primera gran civilización europea toma su nombre del mítico rey Minos.

 

UNA POTENCIA AGRÍCOLA

La riqueza de Creta dependía de la fertilidad de la tierra y los hallazgos arqueológicos muestran que en la época minoica se adoraba a una deidad femenina. Los santuarios de esa diosa madre, cuyo matrimonio sagrado anual con el dios toro propiciaba la cosecha, se emplazaban en las cumbres y en los cientos de cuevas que horadan el paisaje cretense. Diversas estatuas de diosas o sacerdotisas sosteniendo serpientes a modo de cetro evocan el poder de esa deidad sobre las energías del subsuelo.

El palacio de Cnosos crecía como un ser vivo a partir de su gran patio central. Las terrazas ofrecían vistas de la campiña y en sus salas se disfrutaba de pinturas capaces de atrapar el presente sin congelarlo. En los frescos de Cnosos, un pulpo extiende sus tentáculos en arabescos, los delfines nadan risueños en un mar cuajado de algas y un joven hace acrobacias sobre un toro.

Al visitar hoy los restos de los palacios de Cnosos, Festos, Agia Triada y Malia llama la atención que careciesen de murallas. La razón es que la flota cretense garantizaba la seguridad de la isla.

2-Porteadores.metirta.online

Porteadores.

La visita a Cnosos, cuyo nombre pronunciado por un griego suena cortante como el filo de una doble hacha, debe unirse necesariamente a la del Museo Arqueológico de Heraklion. El vasto espacio del palacio se amalgama a la minuciosidad de las joyas, las estatuillas de alabastro y los frescos del museo.

 

EL MITO DEL LABERINTO

Una visita guiada ayuda a no extraviarse por el palacio del labris o del hacha doble, símbolo de la religión minoica. Los turistas se guarecen bajo la sombra de los escasos pinos, esperando a su guía antes de recorrer pasarelas de madera, corredores y propileos.

La solemnidad de la antesala, con su pavimento irregular, su árbol solitario y los enormes bloques de piedra asomando detrás, son un presagio del latido mitológico del lugar. Un eco que resuena con una fuerza de 4000 años y nos hace comprender no tanto qué se ve en cada cámara, sino qué función cumplía.

En el complejo entrelazado entre historia y leyenda, se desarrolló en Creta el mito de la familia minoica, cuyo centro de gravedad era un laberinto marañoso e indescifrable. Incumpliendo una promesa a Poseidón, el rey Minos, se negó a sacrificar un hermoso toro.

Entonces el desairado dios inspiró en Pasifae, esposa de Minos, una pasión desmesurada por el animal que la llevó a engendrar un ser mitad hombre, mitad toro. El Minotauro fue encerrado en el laberinto y Cnosos llegó a tener miles de habitaciones. Por eso, en el transcurso del tiempo, el palacio se fue asimilando a aquel laberinto que encerraba en su subsuelo.

 

VISITA AL PALACIO

El recorrido se realiza recorriendo las alas sur, este, norte y oeste, por la periferia del recinto cuadrangular.

A través del Pasadizo de la Procesión, antaño adornado con un fresco de 500 figuras a tamaño natural, se llega al ala sur, en donde se encuentran los Cuernos de la Consagración, y, detrás de ellos, a lo lejos, el monte Juktas, muy ligado al mundo minoico.

Desde aquí, se accede al Corredor del Príncipe de los Lirios yal patio central. Plantarse allí suscita una impresión inigualable y diversas preguntas: ¿Era ese el espacio de las acrobacias sobre el toro? ¿Era Minos un nombre genérico para los dirigentes? Nada se sabe con certeza.

El ala oriental está dividida por un corredor que separa las habitaciones reales de los talleres y los almacenes de las tinajas gigantes, los pithoi, de 600 litros de capacidad Arthur Evans cifró las reservas de aceite de Cnosos en 75.000 litros.

3-Fresco de los Delfines.metirta.online

Fresco de los Delfines.

En un estrecho rincón, si se asoma la cabeza por un ventanuco, se contempla el Megarón y el cuarto de baño de la reina. La estancia vacía se vuelve íntima y refinada solo por la presencia de delfines nadando en todas direcciones, entre bandadas de peces, en la reproducción del fresco. Es un lugar inolvidable.

A continuación, se llega al Pórtico de Columnas, el Megarón del rey y la Sala de las Hachas Dobles.

En este pórtico, uno se imagina inmerso en hileras de cipreses invertidos, que son las rojinegras columnas troncocónicas, de capiteles dóricos primitivos. Se atraviesan columnatas, estrechas escaleras y se aparece, de nuevo, en el patio central.

Desde allí, se puede explorar el ala oeste, que tenía un carácter oficial y religioso, pues en ella se depositaban los objetos sagrados. En esa zona se encuentran la antecámara y el Salón del Trono donde reinaba Minos.

 

ARTES ESCÉNICAS

El área teatral es un espacio en ángulo recto que un profano podría confundir con escaleras de peldaños bajísimos. Aquí tuvieron lugar las representaciones más antiguas del Mediterráneo, muy anteriores a Esquilo, Sófocles o Eurípides.

Pero Creta sufrió una tragedia hacia 145o a.C., cuando el maremoto por el estallido del volcán de Santorini arrasó la flota y los palacios.

Y, también, Cnosos. Después de aquello, empezó la lenta decadencia y el fin de una civilización.

Desde el teatro se vislumbra la antigua calzada real, que discurre como un punto de fuga hacia el puerto de Amnisos, un enclave que parece acoger dulcemente los versos actuales del poeta Karasoúlos: «Aquí existió, en algún tiempo, un mar sin nombre».

 

ADEMÁS

 

MUSEO DE HERAKLION El mayor museo de objetos minoicos alberga estatuillas de terracota y cerámica. La sofisticación emana del Ritón de Zakros o del Dije de Abejas de Malia y la exquisitez, del Acróbata de marfil. El misterio subyace en el Disco de Festos o en las diosas de la fertilidad que sujetan serpientes vivas como cetros. La colección se exhibe en 27 salas.

 

UN HIMNO A LA VIDA

Los frescos fueron una de las formas más notables del arte minoico. En época neo-palacial (1750-1450 a.C.) se usaba un rango básico de colores primarios y secundarios, obteniendo los pigmentos de plantas, minerales o moluscos.

La temática se extraía de la vida cotidiana procesiones, ceremonias, juegos de la naturaleza pájaros, cultivos, flores, en vez de representara dioses o a soberanos. La influencia egipcia se percibe sin embargo en la paleta cromática: rojo para el tono de piel masculino; blanco, para el femenino.

4-Fresco.metirta.online

Fresco.

En los salones oficiales, su función era informar; otras veces transportaban a un paraíso de azucenas, delfines o pájaros azules. La placidez del instante, de una vida alegre y plena. En el ritual de la taurokathapsia, del que existe un magnífico fresco en el ala este de Cnosos, hombres y mujeres adornados con joyas realizan asombrosas acrobacias por encima de un toro.

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