ANTIGUAS CIVILIZACIONES – ANGKOR: EL COLOSAL CONJUNTO DE TEMPLOS DEL IMPERIO JEMER.

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Ciudad de Angkor.

1-Geordina Higueras-Periodista

 

 

Por: Georgina Higueras. Periodista

 

CENEFA

La mayor edificación religiosa del mundo y el principal destino cultural del Sudeste Asiático entrelaza la cosmogonía hindú y la budista en centenares de templos diseminados por la selva.

Los templos de Angkor simbolizan el cénit de la espiritualidad camboyana, el paraíso esculpido en la tierra para su rey-dios, una obra cumbre del arte hindú, cuya memoria eterna fue cincelada en la roca por un ejército de miniaturistas, que aunaron devoción e imaginación para crear un conjunto de inigualable belleza.

Es imposible permanecer inmune al embrujo, el misterio y la calidez que desprenden las doscientas sonrisas del templo de Bayón. Dibujadas en labios de piedra a diferencia de la de La Gioconda, pintada tres siglos más tarde por Leonardo da Vinci, iluminan enormes rostros serenos, de ojos y cejas oblicuos, que te observan desde los cuatro puntos cardinales de las 54 torres de estilo barroco jemer. Representan tanto a Avalokiteshvara, el bodhisattva de la compasión, como a Jayavarman VII, que reinó entre 1181 y 1220 y mandó construir la ciudadela de Angkor Thom, en la que se incluye Sayón, mi lugar favorito de este mar de arenisca plagado de enigmas, historia y religiosidad.

 

MÁS DE CIEN TEMPLOS

Angkor, con unos 200 km2 de extensión y un centenar de templos, requiere tres días de visita con una bicicleta, una moto o un tuktuk, siendo esto último casi lo más aconsejable, ya que los conductores hacen de serviciales guías sin atosigar al cliente. Al menos un día, hay que acudir antes de que se esfumen las tinieblas de la noche para ver cómo surgen los templos, alumbrados por los primeros rayos del sol. Si Angkor Wat se yergue majestuoso, presenciar cómo la luz rojiza del amanecer va sacando de las sombras una tras otra las inescrutables sonrisas del Bayón despierta todos los sentidos.

 

EN LAS FAUCES DE LA SELVA

El naturalista francés Henri Mouhot emprendió un viaje por el Sudeste Asiático en 1858 con apoyo de la Royal Geographical Society para catalogar nuevas especies. En i86o se tropezó con la antigua capital jemer devorada prácticamente por la jungla, aunque en Angkor Wat residía una comunidad de monjes. Al año siguiente Mouhot enfermó y murió en Laos, pero sus cuadernos de viaje dieron origen a su libro Viaje a los reinos de Siam, Camboya y Laos, publicado en 1868. Esa obra, junto con las imágenes del fotógrafo escocés John Thomson, despertó una auténtica pasión por la ciudad perdida del imperio jemer.

El imperio jemer logró mantenerse con altibajos entre 802 y 1432. En esos seis siglos se construyeron los templos de Angkor y el hinduismo se enriqueció con el budismo procedente de India. El unificador del imperio jemer, Jayavarman II, se autonombró representante del dios Shiva en la tierra y ordenó la construcción de un santuario que simbolizara el mítico monte Meru, que ocupa el centro del universo.

Sus sucesores quisieron ir más lejos que él y cada uno mandó construir un templo más grande que el anterior. Cuando en 1113 accedió al trono Suryavarman II, un devoto de Vishnú, quiso dedicarle a este dios la morada más bella y grandiosa de la tierra, Angkor Wat.

 

LA INGENIERÍA JEMER

Investigaciones recientes han revelado que los jemeres construyeron un canal de 22 km para facilitar el transporte de los grandes bloques de piedra, algunos de hasta 4 toneladas, extraídos del monte Kulen, a 40 km. Miles de elefantes y cientos de miles de hombres trabajaron en esta colosal construcción, que protege un foso inundado de 190 m de ancho y 3,6 km de perímetro. Esta obra hidráulica y la red de canales garantizaban asimismo las cosechas de arroz e impedía los movimientos del suelo debidos al contraste entre la estación seca y la húmeda, que socavaban los cimientos de los templos y provocaban hundimientos y colapsos en las estructuras.

Al recinto de Angkor Wat, el único que siempre ha estado habitado al menos por algún monje, se accede por una pasarela de arenisca con una balaustrada esculpida en forma de naga, la mítica cobra de cinco o siete cabezas. Tres mil cautivadoras apsaras (bailarinas celestiales) decoran los muros exteriores de más de un kilómetro de longitud. La torre central de tres alturas, a las que se asciende por empinadas escaleras, está jalonada por otras más pequeñas, conectadas por corredores columnados.

3-Los rostros de Avalokieshvara.metirta.online

Los rostros de Avalokieshvara.

Los bajorrelieves del complejo son de una enorme riqueza decorativa y describen escenas del Mahabharata, el más extenso poema épico de la literatura india, del cielo y el infierno, de navegantes en busca del elixir de la inmortalidad, de batallas y desfiles militares, con elefantes enjaezados para el combate.

 

LA CIUDADELA FORTIFICADA

Si la magnitud de Angkor Wat sorprende, mucho mayor es Angkor Thom, la ciudad fortificada, construida para ser indestructible después de que el reino de Champa (situado en la parte sur del Vietnam actual) invadiera por sorpresa y saqueara Angkor en 1177.

En sus espectaculares puertas también aparece el rostro de Avalokiteshvara observando los confines del imperio. Centenares de guardianes en piedra custodian la puerta sur. La ciudadela de Angkor Thom llegó a hospedar un millón de personas, aunque las viviendas han desaparecido.

Además del Bayón, que ocupa el centro del enclave y cuyos ricos bajorrelieves de la vida cotidiana de Camboya no tienen nada que envidiar a los de Angkor Wat, quedan otras interesantes construcciones, como la pirámide escalonada de Baphuon, de 43 m de altura, que ofrece una buena panorámica de la zona; en su muro trasero hay un buda reclinado de 6o m de largo que ilustra el nirvana final de Buda en el momento de morir.

También son notables la terraza del Rey Leproso, que supuestamente sirvió de crematorio real, y la terraza de los Elefantes, una gigantesca plataforma para ceremonias públicas y desfiles. Siglo y medio después del descubrimiento de Mouhot, la película Tomb Raider, basada en una serie de videojuegos, empuja a millones de turistas a comprobar cómo la selva ha engullido el templo de Ta Prohm.

4-La puerta de la Victoria.metirta.online

La puerta de la Victoria.

Raíces gigantescas abrazan los edificios como si fueran de juguete, sus tentáculos se funden con la construcción creando formas oníricas. Durante siglos Angkor fue un espacio reservado únicamente al culto, pero Jayavarman VII construyó en 1186 este monasterio con celdas para centenares de monjes.

Todo Angkor está inmerso en una exuberante naturaleza. Las lluvias alimentan a líquenes y plantas, que se extienden con voracidad por la zona. Desde los tiempos de Mouhot, los restauradores se encargan de mantener a raya tanto a la vegetación como a los macacos y a los ladrones de antigüedades. Para asegurar su protección, muchas esculturas aguardan en el museo de Siem Reap, la moderna ciudad a la que pertenecen estos templos, Patrimonio de la Humanidad desde 1992.

 

UN RÍO ESCULPIDO.

Si en Ta Prohm la jungla ha conquistado la obre de los hombres, en Kbal Spean, a 40 km, los jemeres mostraron su sincretismo con las fuerzas telúricas esculpiendo el lecho del río. El enclave se llama “los mil lingams” por los órganos sexuales masculinos tallados en el cauce. También hay representaciones de los atributos femeninos para invocar la fertilidad, y a lo largo del curso se encuentran varias tallas de Vishní y de Shiva con su esposa Parvati.

5-Ta Prohm.metirta.online

Ta Prohm.

BAJORRELIEVES

Numerosos episodios de la epopeya del Mahabharata se narran en los muros de Angkor. Destacan los cientos de apsaras, las elegantes ninfas que deleitaban a los dioses y en cuyas posturas se basa la danza camboyana. Abundan los elefantes, tanto por la potencia que imprimen a los ejércitos como por encarnar las nubes monzónicas cargadas de lluvia.

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