ARGENTINA: EL ETERNO RETORNO DEL PERONISMO.

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POR. SERGIO MANAUT

Periodista argentino. Redactor jefe en Editorial Atlántida, Editorial Perfil y Gazeta Mercantil.

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Con componentes místicos y sentimentales, una alta capacidad de transformación y un pragmatismo superlativo, el movimiento creado por Juan Domingo Perón domina la vida política argentina de los últimos 70 años.

Reconozco que cuando hablo de peronismo inevitablemente se me vienen a la mente frases de Jorge Luis Borges. La primera es obligada: “Los peronistas no son buenos ni malos, son incorregibles”. Borges también dijo una vez que la República Argentina era un misterio, un misterio tan inexplicable como el universo mismo. Parafraseando al autor de El Aleph, también se podría afirmar que en el peronismo hay algo de misterioso e inexplicable. ¿Por qué siempre vuelve?

Hablar del fenómeno peronista es como buscar la salida al laberinto borgiano en el que el viajero debe enfrentarse a la destrucción o a la creación. Porque el peronismo es muchas cosas contrapuestas; entre ellas, una religión laica con su mística.

Cuando el Partido Justicialista avizora un fin de ciclo, aparece una versión renovada del movimiento, que se desliga de la anterior para anunciarse como alternativa. Peronistas y antiperonistas coinciden en atribuirle al peronismo un aura religiosa, que lo hace trascender de lo puramente político y lo viste de heroicidad. “Aunque nos derriben mil veces, mil veces volveremos”, profetizó el propio Juan Domingo Perón.

Cada vez que se anuncia el final del peronismo, este resurge más fortalecido, con su gran contenido emocional que confunde al movimiento con un culto religioso o cuasi religioso, con adoración de las imágenes (fundamentalmente de Perón y Eva) incluida.

Las emociones de las que se alimenta el peronismo no alcanzan para explicar por qué a cada derribo le sigue un volver a ponerse en pie. Su vigencia se debe en gran parte a sus adversarios políticos. Perón mismo lo reconoció con su campechano cinismo: “No es que nosotros fuéramos buenos, los que nos sucedieron fueron peores”.

La historia le dio la razón al viejo general. Porque las únicas tres veces que el justicialismo perdió unas elecciones presidenciales desde su creación en 1946, los Ejecutivos encabezados por Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri resultaron verdaderos fracasos en términos económicos, al punto que solo Macri pudo completar el mandato.

En efecto, las impericias de los dos radicales y del ex-alcalde de la ciudad de Buenos Aires jugaron un rol determinante para los respectivos regresos del movimiento, hasta el punto que, a pesar de los grandes fracasos peronistas, una parte mayoritaria de la sociedad argentina se convenció de que solo el peronismo es capaz de gobernar.

 

DE GATOS Y TRANSFORMISMO

Su fino olfato les permite a los peronistas adaptarse a los cambios del humor social. “Los peronistas somos como los gatos. Cuando nos oyen gritar creen que nos estamos peleando, pero en realidad nos estamos reproduciendo”.

Con esta frase, Perón describía las distintas sensibilidades que conviven en el movimiento por él fundado. Sensibilidades que favorecen lo que el historiador argentino Natalio Botana describió como “transformismo”.

Botana escribió que la supervivencia del peronismo se debe a su capacidad de transformarse, reinventarse dejándose llevar por los vientos que soplan en cada época. Por momentos es de derechas, por momentos es de izquierdas, por momentos es de centro. Puede ser nacional-católico o anticlerical.

Para Botana, ese transformismo es lo que le permite al peronismo sobrevivir al amparo de su asombrosa persistencia. Este proceso transformista es posible por la difusa ideología del peronismo, fenómeno que lo dispone tanto a cambiar de identidad como a adoptar programas disímiles: neoliberal con Menem; izquierda populista con Cristina Fernández.

2-Evita y Juqan Domingo Perón.metirta.online

Evita y Juan Domingo Perón.

Esta capacidad habla de un pragmatismo absoluto cuando descubre que el líder sintoniza con la gente, que le permitir recuperar el poder o mantenerlo. Es esencial para el líder peronista contar con la virtud de sumar voluntades más allá de cualquier lógica: hacer que convivan dentro de un mismo espacio político dirigentes que hasta ayer eran irreconciliables. El peronismo se entiende desde su propia heterogeneidad y pragmatismo, que no da lugar a posturas dogmáticas definitivas. En este contexto hay que leer a Perón cuando aseguró “peronistas somos todos”, o el famoso eslogan “todos unidos triunfaremos”.

Se trata de la capacidad de los dirigentes del partido para adaptarse a la realidad y asegurar la supervivencia del peronismo. En última instancia fue lo que hizo Cristina Fernández cuando sorpresivamente se bajó del primer puesto de la fórmula presidencial para poner en su lugar a Alberto Fernández. Lo importante era recuperar el poder. Volver. Pero, ¿y ahora qué?

 

NUEVA ETAPA, NUEVO RELATO

Esa es la pregunta que los analistas se hacen a la hora de analizar la construcción de autoridad —dato clave en un partido como el Justicialista—, de Alberto Fernández.

El ex jefe de gabinete tanto de Néstor como de Cristina Fernández tiene que legitimar su poder ante la pregunta de a cuál de los dos Fernández le pertenecen los votos. Escribir su propio relato, piedra angular de todo proyecto peronista. Demostrar que con Fernández se gana.

El resultado de este pulso, por el momento soterrado, está en el éxito o no de la política económica de Alberto. Mientras tanto, Cristina se mantiene ajena —como si la cosa no fuera con ella—, a los ajustes que está llevando a cabo su socio de fórmula.

Así las cosas, si a fines de 2020 o principios de 2021 el programa implementado por el ministro de Economía le permitiera a Fernández ganar las elecciones de medio término, la mano de Cristina se acortaría considerablemente. En caso contrario, Cristina, astuta como es, no dejará escapar la ocasión de tomar nuevamente las riendas del Gobierno. Pragmatismo puro. Peronismo puro.

 

CONCLUSIÓN

El peronismo sabe que es el gran protagonista de la vida política argentina, entre otras causas porque, desde su nacimiento, supo construir su propio relato: una especie de épica, de historia fantástica que no necesariamente se corresponde con la realidad, al menos en su totalidad.

Ahí podría estar el secreto de su persistencia, en escribir o inventar una historia capaz de lograr que una parte importante de la población la siga creyendo por décadas. Quizás en la construcción de esas fantasías con base en la realidad puede encontrarse la fórmula de por qué el peronismo siempre vuelve.

3-Cristina Fernández de Kirchner

Cristina Fernández de Kirchner

La intelectualidad peronista logró crear una versión de lo que es el peronismo que no se corresponde en gran medida con lo que realmente sucedió.

En los setenta, por ejemplo, muchos estudiantes universitarios creían de buena fe que en sus comienzos el peronismo fue un movimiento de izquierdas, socialismo revolucionario frustrado por un golpe militar. O, a pesar de que el periodo menemista, en estrecha colaboración con lo más rancio del conservadurismo liberal, ocurrió en términos históricos ayer, hoy buena parte de la población está convencida de que el peronismo es un partido de centro izquierda reformista.

Alberto Fernández basó su campaña en convencer a los votantes de que lo que volvía no era el kirchnerismo sino el peronismo. Al menos en este punto no engañó a nadie. Porque el peronismo siempre vuelve. Ahí está.

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