MITOLOGÍA DE EUROPA SEPTENTRIONAL – ODÍN.

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ODÍN Y EL VALHALLA Odín convocaba a reyes y héroes muertos en combate a su Palacio de los Muertos, el Valhalla, donde pasaban el tiempo entre fiestas y combates, siempre dispuestos a defender Asgard de cualquier ataque. En sus orígenes, el Valhalla pudo haberse basado en la tumba en la que los difuntos celebraban fiestas con sus antepasados, pero en la literatura de los vikingos el reino de los muertos distinguidos tenía mayor esplendor y se accedía a él con grandes ceremonias: los héroes muertos eran escoltados por los aires hasta el palacio de Odín en Asgard por diosas guerreras, las Valquirias. A la derecha vemos una estela conmemorativa de Alskog, Gotland, que representa a Sleipnir, el caballo de ocho patas de Odín, con un jinete (un dios o un héroe muerto), recibido por una valquiria con un cuerno de aguamiel en el palacio.

Señor de Asgard

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En las creencias vikingas, Odín, el TodoPadre, era señor de Asgard y heredero de la lanza de Tiwaz, que le confería el dominio en las batallas. Su antecesor, Wodan, era el dios supremo de los longobardos y otras tribus germánicas. Al igual que Wodan, Odín estaba estrechamente vinculado con los infiernos y los muertos. Era dios de los reyes, apoyaba a los jóvenes príncipes prometedores y les daba espadas mágicas y otros regalos en señal de su predilección, pero los destruía implacablemente cuando llegaba el momento. La cremación, necesaria en muchos casos para deshacerse de los cadáveres después de la batalla, se asociaba con el culto a Odín. Existen numerosos relatos sobre los fieles seguidores de Odín, los Berserks, que llevaban pieles de oso o de lobo en combate y se entregaban a un éxtasis que les insensibilizaba al dolor. Odín también podía conceder el don del éxtasis a poetas y oradores, y en la poesía islandesa existen numerosas referencias al aguamiel mágica que obtuvo el dios, que concedía la inspiración. Odín también otorgaba riquezas a sus seguidores, simbolizadas por su anillo, Draupnir, que se automultiplicaba para garantizar una buena cantidad de oro. Además, Odín era dios de la magia y la adivinación, sobre todo en el contexto militar. Se le ofrecían sacrificios de prisioneros de guerra, a quienes se ahorcaba o apuñalaba. Tales sacrificios podían ser una forma de adivinación, pues se creía que los últimos movimientos de las víctimas predecían la victoria o la derrota. El propio Odín se ofreció en sacrificio ahorcándose del Árbol del Mundo con el fin de conocer los símbolos rúnicos empleados en la adivinación y dio un ojo para obtener el conocimiento, tras lo cual se presentó en la tierra en forma de anciano tuerto, con una capa y un sombrero de ala ancha o capucha. Iba constantemente acompañado por seres que frecuentan el campo de batalla, lobos y cuervos, y dos de estas aves le llevaban las noticias de las batallas del mundo entero. Poseía gran habilidad para cambiar de forma y enviar su espíritu convertido en ave u otro animal, circunstancia que, junto a la capacidad de viajar al reino de los muertos, le asemeja a los chamanes de los pueblos del norte de Eurasia.

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Colgante de plata de la época vikinga que representa un mensajero a caballo, evocación de Hermod en su viaje a los infiernos.

BALDER, HIJO DE ODÍN

Muchos de los viajes de Odín estuvieron motivados por su deseo de conocer elfiguro. Consultó las runas y la cabeza del gigante sabio Mimir, muerto a manos de los Aesir. Realizó peligrosos periplos para ver a otros gigantes célebres por su sabiduría e incluso convocó a los difuntos para interrogarlos. Por ellos se enteró de que estaba destinado a que lo devorase el lobo Fenrir y de que Loki conspiraba constantemente contra los dioses.

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Un gigante atado, posible alusión al castigo de Loki por su participación en la muerte de BaldeT. Cruz de piedra de Cumbria, Inglaterra.

La primera amenaza grave que recibió Odín sobrevino con la pérdida de su hijo Balder, el más hermoso de los dioses y uno de los más amados por Odín y su esposa Frigg, aunque en la tradición danesa no se le recuerda como dios sino como guerrero e hijo de Odín que luchó sobre la tierra. Balder sufría terribles pesadillas, y para protegerlo, Frigg pidió a todos los seres creados, incluso a los árboles y plantas y a todos los objetos de metal, madera y piedra, que jurasen que nunca le harían daño. Después, los dioses se divertían arrojándole armas a Balder, a sabiendas de que no le ocurriría nada. Pero Loki descubrió que una pequeña planta, el muérdago, no le había prestado juramento a Frigg, porque la diosa la consideraba demasiado joven para producir daño. Loki la transformó en dardo y se la dio al dios ciego Hother, que la lanzó contra Balder dejando que Loki le guiara la mano para dar en el blanco. Cuando el dardo atravesó a Balder, el dios cayó muerto y Odín y las demás deidades recogieron su cadáver y lo tendieron en una pira funeraria construida en su propio barco, junto al cuerpo de su esposa, Nanna, que había muerto de pena, y el de su caballo. Tras la muerte de Balder, Frigg rogó que alguien fuese a Hel, el reino de los muertos, e intentase traer a su hijo, y fue Hermod el Temerario, hermano de Baldes, quien se ofreció voluntario. Partió en el caballo de Odín, Sleipnir, y cabalgó durante nueve días y nueve noches por valles oscuros y profundos hasta llegar a un puente de oro que cruzaba el río Gjöll. La doncella que lo custodiaba le dijo que no podía ser un difunto, porque el puente resonaba bajo los cascos del caballo, algo que no había ocurrido cuando pasaron por él cinco huéspedes de los muertos, hacía poco tiempo. Cuando Hermod le respondió que estaba buscando a Balder, la doncella le indicó que siguiera el camino septentrional, hasta las puertas de Hel, y Sleipnir cubrió la distancia sin esfuerzo. Hermod entró en el salón en el que Balder estaba sentado y se quedó allí tres noches. Le rogó a Hel, la reina cuyos dominios llevaban su nombre, que le permitiese a Balder regresar con él, pero ella replicó que sólo lo conseguiría el llanto de todas las gentes y las cosas del mundo entero. Hermod volvió a Asgas con el anillo Draupnir, que había sido quemado en la pira funeraria de Balder, como prueba de que había cumplido su misión. Después se enviaron mensajeros para que pidieran a todos que demostrasen con lágrimas su amor a Balder, que así podría abandonar Hel. No sólo lloraron hombres y mujeres, sino piedras, árboles y metales, como lloran estas cosas cuando sobreviene el deshielo. Pero los mensajeros encontraron a una giganta que vivía en una cueva que se negó a llorar, aduciendo que a ella Balder no le servía de nada. Pensaron que la giganta era Loki disfrazado, que quería impedir el regreso de Balder. Y así, el dios permaneció en Hel, y cuando se supo de la responsabilidad de Loki, el dios tuvo que escapar a la cólera de los dioses y esconderse en un río adoptando forma de salmón. Lo apresaron en una red que él mismo había inventado, y los dioses lo ataron sobre tres rocas, con unas serpientes que vertían veneno sobre su cara. Sigyn, su fiel esposa, intentaba recoger las gotas de veneno en una vasija, mientras las convulsiones de Loki provocaban terremotos. Permaneció atado hasta que pudo liberarse en Ragnarok, el juicio final de los dioses, y atacar Asgard con los gigantes. La muerte de Baldes supuso el primer paso hacia Ragnarok, cuando Odín fue devorado por el lobo y vengado por su joven hijo Vidar, que despedazó a la bestia. Vidar fue uno de los hijos de los dioses que sustituyeron a sus padres después de Ragnarok.

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