UN PLANETA CON MÚLTIPLES FRONTERAS.

Lejos del concepto de la mundialización de un mundo sin fronteras, aparecen nuevas barreras, concretas o virtuales, y se levantan muros. Todo ello con el pretexto de protegerse de diversos peligros.

Un muro de 270 km, erigido a lo largo del río Naaf, separa Birmania (actual Myanmar) de Bangladés. Una alambrada de 5 metros de altura, construida en un clima abrasador por los rohingya, separa a los mismos que encarcela. Los rohingya de piel oscura, una minoría musulmana en un país budista, han sido víctimas de los pogromos desde finales de los arios 1970. En 1991, la junta birmana, tras haber declarado apátrida a esta población, expulsó a 250 000 de ellos hacia Bangladés, un país que también los rechaza. En la actualidad, 750 000 rohingya viven en Birmania y 400 000, en Bangladés. ¿Cuál fue su falta imperdonable? Haber servido en el ejército británico durante la conquista de Birmania, en el siglo XIX. Desde ese momento, los militares, que los reclutan a la fuerza, les obligan a edificar el muro, a cambio de una remuneración simbólica de… 35 céntimos de euro al día.

 

BARRERAS CONTRA LOS ILEGALES

Durante mucho tiempo, los teóricos de la mundialización se han regodeado con el concepto de un “mundo sin fronteras”, comenzando por los que pretendían imponer la idea de un mercado sin barreras aduaneras o arancelarias. O por los que anhelaban imponer un modelo único de organización política, como la democracia occidental. Sin embargo, aparecen nuevas fronteras, representativas a su vez de un mundo contemporáneo mundializado. “La fase actual de mundialización económica viene acompañada de un aumento del poder de los Estados, que se muestran recelosos de su soberanía y que disponen de medios cada vez mayores para ejercerla”, explica Michel Foucher, autor de La bataille des cartes (Franois Bourin ed., 2010).

El geógrafo es de la opinión de que, lejos de desaparecer, según la retórica dominante, las barreras, ya sean geoculturales o geoeconómicas, se levantan o se refuerzan en todos los continentes de forma apremiante cuando se sospecha de un peligro: inmigración, pobreza, terrorismo, discriminación étnica. Birmania consolida una frontera existente para poder condenar mejor al ostracismo a un pueblo que le incomoda. En Estados Unidos, a lo largo del Río Grande, un muro de 1 100 km (una tercera parte de la frontera) aspira a aislar a Estados Unidos de México.

¿La finalidad? Establecer barreras contra los inmigrantes ilegales. ¿El coste? Entre 6 000 y 8 000 millones de dólares por una valla de metal, de hormigón o de alambrada, vigilada incluso por vehículos aéreos no tripulados. En Israel, el muro unilateral, que presuntamente busca la seguridad, aprisiona a los palestinos. En Pakistán, una separación de 2 400 km de longitud refuerza la delimitación con Afganistán, con la pretensión de proteger el país de los talibanes. La India ha erigido en una ladera de la montaña una alambrada bordeada con postes que la separa de Pakistán, en una Cachemira reivindicada por ambos países desde 1947.

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Los muros en el mundo.

REGIONES DIVIDIDAS

Arabia Saudí está separada de Irak por el norte, mediante una fortificación moderna, donde antes existía una zona neutral, y de Yemen por el sur, mediante una construcción de coste exorbitante: 8 500 millones de dólares. Una zona desmilitarizada, hermética, divide en dos la península coreana, de regímenes antagonistas. En Brasil, un muro aísla a los contrabandistas de Paraguay, entre Foz de Iguazú y Ciudad del Este, zona franca. Botsuana construyó en 2003 una alambrada electrificada de 500 km a lo largo de Zimbabue. El pretexto: luchar contra una epidemia de fiebre aftosa. En realidad, se trata de detener la inmigración clandestina. Algunas veces, se lleva a cabo una reterritorialización, como en el caso de Europa, donde la cuestión de las delimitaciones de los Estados está lejos de regularse. En su frontera exterior, sobre todo la mediterránea, la UE levanta barricadas: Frontex, dispositivo naval y aéreo, coordina desde 2006 la lucha contra la inmigración ilegal. En el interior, el Viejo Continente está dividido: suma el 28% de las fronteras interestatales del globo terrestre. Más de la mitad fueron creadas después de 1945 y una cuarta parte es posterior a 1990. Europa ha experimentado una multiplicación de los Estados desde la caída del muro de Berlín en 1989: seis de las diez naciones que se unieron a la Unión Europea en 2004 no existían 15 años antes.

El último en nacer, Kosovo, era considerado por Serbia como una de sus provincias, y proclamó su independencia en 2008. Una independencia conforme al derecho internacional, según resolvió el Tribunal Internacional de Justicia en julio de 2010. Algunos países viven obsesionados por las fronteras perdidas. Hungría, en el corazón de la Mitteleuropa, sigue llorando a causa del Tratado de Trianon, que hace 90 años la despojó de dos terceras partes de su territorio. Comarcas divididas. Regiones separadas. En algunas ocasiones, la demarcación se produce en el seno mismo de una ciudad.

Como en Ostrovany, una localidad de Eslovaquia (1 800 habitantes) en donde un muro de hormigón de 2 metros de altura y 150 metros de largo, edificado en 2009, persigue el aislamiento de la comunidad gitana, acusada de robos. Una segregación en un país poblado con 5,4 millones de habitantes, de los cuales 300 000 son gitanos. En la era electrónica, las tentativas de restricción de los intercambios virtuales también aparecen como la voluntad de instaurar nuevas fronteras. En enero de 2010, en un discurso que ha hecho historia, Hillary Clinton señaló con un dedo acusador a los países que, al limitar el acceso a Internet, son culpables de instaurar un nuevo “telón de acero”: Túnez, Uzbekistán, Egipto, Irán, Vietnam, Arabia Saudí, Cuba y, por supuesto, China. Como si la censura electrónica impusiera nuevas fronteras, en este caso virtuales.

 

 CENSURAS POLÍTICAS

Desde entonces, las desventuras de Google en China han tomado un cariz altamente político. En el momento en que Pekín decidió, en 2010, dar una vuelta de tuerca al Internet chino, multiplicando los ciberataques, acentuando la vigilancia de los oponentes y restringiendo un poco más el acceso a las redes sociales, la empresa californiana intentó oponerse a la censura política comunista, redirigiendo a sus visitantes chinos hacia una nueva dirección ubicada en Hong Kong. Un pulso para forzar la “nueva Muralla China, que ha concluido con un compromiso entre los dos gigantes, políticamente opuestos pero económicamente unidos: los internautas chinos ya no son redirigidos hacia Hong Kong, pero pueden acceder a una versión no censurada de Google. ¿Qué poder tienen los límites territoriales frente a los flujos invisibles? Recordemos la nube radiactiva de Chernóbil, cuya contaminación se detendría supuestamente en la frontera francesa. Del mismo modo, los flujos de información traspasan las murallas, aunque les pese a determinados regímenes enemigos de la libertad de expresión.

En Argelia, en los arios 1990, las antenas parabólicas permitieron a los ciudadanos captar las cadenas extranjeras, sobre todo las francesas y las árabes, como Al Jazeera; y ampliar su campo audiovisual, hasta entonces limitado a una cadena pública, considerada como un instrumento de propaganda. En Internet, las herramientas de geolocalización se multiplican. Lejos de destruir las delimitaciones estatales, agravan los problemas de cartografía fronteriza.

Por ejemplo, las tensiones surgidas entre la India y China a propósito de Arunachal Pradesh, un Estado indio situado en el extremo noreste del país, próximo a Bután, y su representación en Google Maps. En octubre de 2009, las autoridades indias se ofendieron al descubrir que los nombres de algunas ciudades de ese Estado aparecían en chino en la Red y que la frontera estaba delimitada por una línea de puntos. A consecuencia de ello, Google Maps tuvo que modificar el mapa en su versión mundial y realizar dos presentaciones diferentes en sus versiones locales. ¿Quién dijo que el mundo se había convertido en una aldea planetaria sin fronteras?.

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