LOS MULTIMILLONARIOS: POCOS PERO INFLUYENTES.

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Millonarios

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PHILIPPE MERLANT, periodista de La Vie

 

POR: PHILIPPE MERLANT.

Periodista de La Vie.

 

cenefa1La crisis de 2008 afectó a algunos de ellos. Tres años después, los multimillonarios gozan de buena salud, en cuanto a número, riqueza y poder.

Es evidente que los muy ricos constituyen una minoría. Sin embargo, no vayan a creer que pertenecen a una especie amenazada, como sucede con otras minorías presentes en este atlas. Las cifras dan muestra de ello, como la clasificación anual de multimillonarios que publica la revista estadounidense Forbes: tras una pequeña disminución en 2009 a raíz de la crisis (se descendió por debajo de 800 el número de multimillonarios), los dueños de la riqueza han reanudado su marcha hacia delante. La cosecha de 2011 contabilizó 1 210 multimillonarios, 214 más que el año anterior, y un récord desde que existe esta clasificación hace un cuarto de siglo (para compensar las diferencias de nivel de vida, el umbral de la riqueza elegido es de mil millones de dólares en todos los países, salvo para la India: 500 millones, China: 425 millones y Singapur: 190 millones).

Los estadounidenses todavía van a la cabeza con 413 multimillonarios, pero ya sólo representan un tercio de los más ricos del mundo, frente a la mitad de hace un década. Con cerca de un centenar de nuevos admitidos en este club de acceso restringido, Asia registra la mayor progresión y ya adelanta a Europa. Por otra parte, si el Viejo Continente se mantiene en buena posición, se debe al crecimiento de las fortunas rusas: Moscú se ha convertido en la capital mundial de los multimillonarios… Crecen en número y son asimismo cada vez más ricos. La crisis de 2008 vio hundirse en torno al 20% los ingresos de los más adinerados, pero desde entonces han reanudado su marcha hacia delante.

Una tendencia que se confirma a largo plazo. En Francia, según un estudio del economista Olivier Godechot, el salario de los 0,01 mejor pagados casi se cuadruplicó entre 1998 y 2005 (mientras que el de los 90% peor pagados aumentó el 7%). En Estados Unidos, la remuneración de los Presidentes-Directores Generales de las 500 empresas más grandes se multiplicó por seis entre 1980 y 2003. Todos los estudios coinciden en este punto: con la aparición de las políticas neoliberales hace una treintena de años, la espléndida salud financiera de los más ricos fue acompañada de un aumento continuo de las desigualdades sociales. Según un informe publicado por Crédit Suisse en octubre de 2010, el 0,5% de la población mundial, es decir, 22 millones de seres humanos, acaparan actualmente el 36% de la riqueza global.

Quizás comience a nacer una preocupación política. Antaño muy aisladas, voces cada vez más numerosas reclaman la instauración de una renta máxima para remediar esta plaga de las desigualdades. Algunos de los más acomodados no han esperado a los políticos para abogar en este sentido: en junio de 2010, los estadounidenses Bill Gates y Warren Buffet, dos de las tres mayores fortunas del mundo, lanzaron un llamamiento para que sus homólogos aceptaran donar la mitad de su riqueza a obras caritativas. Cincuenta y ocho multimillonarios estadounidenses recogieron el guante, tales como los fundadores de las cadenas de televisión CNN y Bloomberg, el de la red social Facebook, el de AOL, el financiero George Soros o el cineasta George Lucas.

Minoritarios, los multimillonarios también lo son por su modo de vida. Castillos, grandes viñedos y cotos de caza, colecciones de obras de arte, coches de carreras, yates y jets privados, clubs de fútbol, obras filantrópicas y caritativas… tantos otros instrumentos de distinción exhibida entre unos y otros. Un buen número de ellos goza de “nichos fiscales”, ventajosos para estas minorías pero desastrosos para el resto de la sociedad: se cuentan 500 en Francia, que merman el presupuesto del Estado en unos 70 000 millones de euros anuales.

Estas personalidades no tienen intención de replegarse sobre sí mismas. Es notorio el éxito mediático del Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza. Se sabe menos de la función preponderante que cumple, desde su creación en 1954, en los Países Bajos, el “Grupo de Bilderberg”, la flor y nata de los grandes patronos que intentan influir en la marcha del mundo mediante la cooptación de jefes de Estado. Porque ricos y muy ricos tienen otra particularidad, según los sociólogos Michel Pi-Non y Monique Pinlon-Charlot, quienes les han dedicado varios trabajos, entre ellos Les guettos du gotha. Comment la bourgeoisie défend ses espaces (Seuil, 2007) y Le président des riches (Zones, 2010): “Todavia creen en la lucha de clases. La lucidez política está mucho más anclada en Neuilly que en Nanterre”.

¿Está asegurado el futuro para estos multimillonarios que saben cómo defender sus intereses? Sin duda, pero se plantea de manera diferente según los continentes y los países. En Francia, los 14 multimillonarios de la clasificación de Forbes (entre ellos Bernard Arnault, en el cuarto puesto mundial, y Liliane Bettencourt, en el decimoquinto) tienen una edad media de 74 años (el récord en el mundo) y la fortuna de dos tercios de ellos procede de las herencias. En este país donde no son pocos los matrimonios entre hijos del CAC 40 (equivalente al IBEX 35 español), la endogamia y la sucesión continúan siendo los mejores vectores de la propagación de la riqueza. Y las parejas catalogadas por el Bottin mondain tienen 3,9 hijos de media (la del conjunto de las familias francesas es de poco más de 2).

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Las vacaciones de los millonarios.

Por su parte, multimillonarios rusos y chinos hacen alarde de una edad media de entre 49 y 50 años. Y la mayoría de ellos son “selfmademen”. En total, más de la mitad de las grandes fortunas que figuran en el palmarés de Forbes ya se sitúan en los países emergentes. De manera paralela, Internet, sector de futuro donde los haya, aparece como una cantera de grandes fortunas: seis de los fundadores e inversores de Facebook figuran entre los multimillonarios del mundo. Un palmarés en el que los patronos de las empresas de telecomunicaciones también obtienen una buena posición, como el mexicano Carlos Slim, quien se ha convertido en el hombre más rico del mundo.

La última ventaja, y no de las menos importantes: los muy ricos representan de por sí un jugoso mercado. Ejemplo: el fulgurante ascenso del magnate chino del sector inmobiliario Wang Dafu, de 44 años, creador de un puerto deportivo de yates para multimillonarios en la isla de Hainan. De la misma manera, al otro lado del Atlántico, Tim Blixseth ha accedido al estatus de multimillonario creando el “Yellowstone Club”, lugar de veraneo para los adinerados estadounidenses. El dinero llama al dinero.

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