¿CUÁL ES EL FUTURO DE LOS CAMPESINOS EUROPEOS?

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Progresiva desaparición de empleos en el sector agrícola.

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POR. LAURENT GRZYBOWSKI

Periodista de La Vie

cenefa1¿Podrá una reforma en profundidad de la Política Agrícola Común salvar a los campesinos? Dacian Ciolos, comisario europeo de Agricultura, está convencido de ello.

Crisis de la leche, sobreproducción de carne, fluctuaciones brutales de las cotizaciones, explosión de los precios de los cereales, disminución de tierras cultivables, riesgos climáticos cada vez más frecuentes, ingresos a la baja… Los campesinos cada vez tienen más dificultades para vivir de su trabajo y están preocupados por su futuro. Y se preguntan durante cuánto tiempo van a poder resistir. En 1950, el sector agrícola representaba el 10% del PIB europeo, frente al 1% en 2010. Daba empleo a uno de cada cuatro trabajadores, frente a uno de cada veinticinco actualmente. En Francia, en medio siglo, el número de explotaciones ha pasado de 2,3 millones a 326 000, en las cuales trabaja una población cada vez más envejecida. “Sin campesinos, ¿quién alimentará a la población?”, se pregunta la Confederación Campesina en una nota alarmista redactada a principios de 2010. “Mientras el paro explota en Europa, la Unión Europea no puede continuar destruyendo sus granjas y trabajos rurales. Mantener e instalar a los campesinos supone devolver a la producción agrícola el reconocimiento económico y social que ha perdido con la Política Agrícola Común”.

A los detractores de esta Política Agrícola Común (PAC) no les faltan argumentos para exigir una reorientación de las subvenciones hacia dominios considerados como más prometedores, tales como la enseñanza o la investigación: el 44% de los recursos financieros europeos se destinan a un sector que emplea solamente al 4,2% de la población activa de la Unión Europea, frente a más del 8% hace diez años. La PAC representa el segundo presupuesto de la UE, con 58 000 millones de euros, o sea, el precio de la independencia alimentaria de 500 millones de ciudadanos europeos. Sin embargo, esta suma continúa estando por debajo de las cantidades gastadas por Estados Unidos para sostener su agricultura: 128 000 millones de dólares (87000 millones de euros). A lo largo del tiempo, esta política agrícola ha permitido que Europa vaya más allá de su objetivo inicial: el de la autosuficiencia alimentaria.

El viejo continente se ha convertido en el segundo exportador mundial de trigo por detrás de Estados Unidos y por delante de Rusia. La PAC ha permitido asimismo la creación de un sector agroalimentario económico potente que da trabajo a 17,5 millones de personas, es decir, el 13,5% de los efectivos industriales de la UE. A través de reformas sucesivas, la PAC ha contribuido a hacer que coexistan sistemas de explotación muy diferentes. Dentro de un mismo país, como en Francia, las grandes explotaciones de las regiones de Beauce y de Picardía coexisten con explotaciones de tamaño medio de las zonas herbáceas o montañosas. Pero también sucede así entre los Estados miembros.

Mientras que Dinamarca alberga solamente 45 000 explotaciones agrícolas, en ocasiones auténticas fábricas de leche, Rumania cuenta con 4 millones, de las que el 90% tienen menos de cinco hectáreas. Estas diferencias han engendrado desigualdades flagrantes. En Francia, el 56% de la ayudas están destinadas actualmente al 20% de las explotaciones. Entre éstas, 4 500 reciben más de 100 000 euros. En Dinamarca, perciben de media 25 000 euros, es decir, cien veces más que en Rumanía. Mantener una fuerte producción agrícola para responder al aumento de las necesidades alimentarias del mundo, preservar el medio ambiente y esforzarse en dinamizar los territorios rurales: la futura política agrícola común deberá responder a estos tres desafíos, como prometió el comisario europeo de Agricultura, el rumano Dacian Ciolos, que presentó en noviembre de 2010, en Bruselas, su visión de las reformas para poner en práctica durante el periodo 2014-2020.

Ni statu quo, como ambicionan los dos grandes beneficiarios de la actual PAC, Francia y Alemania, ni disminución drástica de las ayudas, tal y como reclama Gran Bretaña. Dacian Ciolos defiende un profundo reequilibrio de las ayudas en favor de los pequeños campesinos, de los nuevos Estados miembros y de una agricultura más “verde”, sin dudar en limitar las ayudas directas a los agricultores.

¿Cuál es el objetivo? Actuar de forma que las explotaciones más grandes o más intensivas dejen de percibir en el futuro la mayoría del maná comunitario, tal y como ocurre hoy día. Así pues, la Comisión propone un sistema de primas simplificado para las pequeñas explotaciones. “Los pequeños productores son una realidad de la UE de los Veintisiete. A menos que se quiera pagar el precio social y ecológico de una desertificación del campo y de una intensificación de la agricultura en las mejores tierras, hace falta más equidad no solamente entre los Estados miembros, sino asimismo entre las diferentes categorías de actores dentro de un mismo país”, destacó Dacian Ciolos. Sobre todo, según la Comisión Europea, los agricultores deberían percibir una parte mayor de los ingresos de la cadena de producción alimentaria.

Sólo se llevan actualmente 21 céntimos del euro pagado por el consumidor, frente a 62 céntimos en 1950. El resto se reparte en su mayoría entre las transformadoras, como Danone o Nestlé, y las cadenas de supermercados de descuento, como Aldi o Lidl. Las grandes explotaciones negocian en igualdad de condiciones, mientras que las más modestas carecen de los medios para defenderse. Acusada en el pasado, con toda la razón, de haber favorecido una carrera hacia la productividad y de haber contribuido a la erosión de los suelos, la PAC podría representar claramente, para el periodo comprendido entre 2014 y 2020, una esperanza para todos quienes no se resignan con ver al campesinado convertirse en una minoría en vías de desaparición.

Éstos han encontrado un abogado en la persona de Dacian Ciolos. Convencido del hecho de que las pequeñas explotaciones agrícolas representan una herramienta de acondicionamiento sostenible del territorio, este ingeniero agrónomo querría poner fin a las desigualdades de las ayudas entre las pequeñas y las grandes explotaciones, y combatir la industrialización sin límites de la producción agrícola. El desafío es muy importante: está en juego, ni más ni menos, la supervivencia de los campesinos en Europa.

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