NEFERTITI.

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Nefertiti.

Gran Esposa Real de Akhenatón, posiblemente, faraón ella misma al enviudar, forma parte del imaginario cultural como paradigma de belleza. Pero sus grandes secretos tienen que ver con el ejercicio del poder.

La segunda mujer más famosa del antiguo Egipto —puesto honroso cuando se compite con Cleopatra— tenía cualidades más relevantes que su exótica belleza. Corregente del imperio en sus días de esplendor y responsable, junto con su esposo, el faraón Akhenatón, de toda una revolución cultural, la princesa hereje de rasgos orientales que reinó como un hombre sigue siendo un misterio. La forma alargada de su cráneo, apreciable en todos sus retratos, unida al título «Bondad de Atón, la bella ha llegado», que parece sugerir un origen extranjero, ha servido para intentar identificar a Nefertiti con la princesa Taduhepa, del reino de Mitanni, en la actual Siria, donde las élites practicaban esa deformación forzada. También se ha especulado con que pudiera tener un origen nubio. Pero hoy sabemos que nació alrededor de 1370 a.C. en la corte egipcia, y que su padre era Ay, el más alto dignatario al servicio de Amenhotep III. De su madre sólo sabemos que murió cuando Nefertiti era muy niña.

Probablemente, Nefertiti se casó con el futuro Amenhotep IV cuando éste fue nombrado corregente de su padre, Amenhotep III, en los últimos años de su reinado, tras la muerte del heredero. Nefertiti y Amenhotep tuvieron seis hijas: Meritatón, Meketatón, Anjesenpaatón —que sería esposa de Tutankhamón—, Neferneferuatón-Tasherit, Neferneferure y Setepenre.

Alrededor de 1352 a.C., Amenhotep sucedió a su padre. Era el décimo faraón de la dinastía XVIII, y Nefertiti siempre estaría a su lado en la tarea de gobernar los territorios de Egipto.

 

Una revolución monoteísta

El primer lustro de su reinado discurrió por los cauces que habían establecido los antecesores del faraón. Tebas siguió siendo la capital de un gran imperio. Amón-Re, deidad solar asociada a los faraones del Reino Nuevo, se mantuvo en lo más alto del panteón, y con él conservaron su influencia y su riqueza los numerosos sacerdotes y templos consagrados a su culto.

Sin embargo, ya antes del reinado del padre de Akhenatón había empezado un progresivo aumento de la presencia de Atón, dios sol y miembro de la tríada creadora durante el Reino Antiguo. Nefertiti y su esposo llevaron ese resurgimiento hasta sus últimas consecuencias, fundando la primera religión monoteísta conocida de la historia y transformando tanto la vida religiosa como el equilibrio de poderes de Egipto.

Hacia 1357, Amenhotep IV cambió su nombre por el de Akhenatón, evidenciando la ruptura con Amón y la adopción de Atón como deidad principal. En paralelo, Nefertiti adoptó el nombre de Neferneferuatón, que quiere decir «exquisita es la belleza de Atón». El faraón ordenó construir una ciudad nueva, Ajetatón, que corresponde a la actual Amarra, ubicada a medio camino entre Menfis y Tebas, que fue convertida en capital del reino dos años después y alojó a la corte en el noveno año del reinado del faraón Akhenatón. Y, dando una campanada que aún resuena, el faraón y su esposa prohibieron el culto a Amón y elevaron a Atón a la categoría de único dios.

El coste de construcción de la nueva capital fue sufragado con los tesoros embargados a los templos y sacerdotes de Amón, y —complicando aún más las relaciones del trono con la casta sacerdotal— Akhenatón se erigió en sumo y único sacerdote del culto a Atón. Había comenzado el «cisma de Amarra», que convertiría aquel período de la historia egipcia en uno de los más estudiados y también en uno de los peor documentados, porque Akhenatón y Nefertiti fueron tratados como herejes después de su muerte, lo que conllevaba la destrucción de las huellas de su paso por la vida y, por tanto, de su recuerdo.

Bajo la reforma religiosa emprendida por la pareja real yacía un objetivo político constante: la afirmación del poder del faraón. En algunos momentos de la historia de Egipto los adversarios del monarca fueron los denominados «nomarcas», los señores locales. En tiempos de Nefertiti y Akhenatón, como había ocurrido mil arios antes en tiempos de Keops, el contrincante era la casta sacerdotal, investida de una riqueza y un poder que desafiaban a los del faraón. La defenestración de los sacerdotes de Amón conllevó la pujanza del funcionariado secular y el diseño de un nuevo programa religioso y litúrgico.

En su inédita posición de supremacía, el dios sol apareció como un concepto nuevo. En primer lugar, las tradicionales representaciones antropomorfas o zoomorfas fueron sustituidas por la imagen sintética de un disco solar del que parten rayos terminados en manos. Desapareció todo el ritual tradicional asociado a las imágenes sagradas, que «vivían» en los templos, donde eran vestidas y acicaladas. De igual manera, el cambio de ritos en los que los espacios sagrados sólo eran accesibles para los sacerdotes por el culto popular a pleno sol restó magia a las ceremonias. Se tambalearon también las certezas sobre la vida de ultratumba, al sustituir el relato de juicio y resurrección asociado a Osiris, cargado de poder visual y épica narrativa, por un modelo moral abstracto. Todos esos cambios dejaron un vacío en el sistema de creencias y en la liturgia que el discurso teológico y la mística de Akhenatón y Nefertiti no pudieron rellenar.

La revolución cultural del período amarniense también dejó su impronta en el arte, que pasó del hieratismo monumental a un naturalismo sereno que humaniza a los personajes. La familia real y su vida doméstica se convirtieron en ejes de la representación, sustituyendo a las imágenes de los dioses arrumbados y restando relevancia a los iconos épicos que tradicionalmente habían servido para ensalzar la grandeza del faraón.

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Nefertiti en 3D

Nefertiti, Akhenatón y sus hijas son retratados en tranquilas escenas cotidianas, con una particularidad rompedora: el rey y la reina tienen el mismo tamaño, lo cual los equipara. Esa novedad, unida a la escritura del nombre de Nefertiti en dos «cartuchos» —disposición gráfica tradicionalmente exclusiva del faraón—, sustenta la idea de que la reina tuvo un peso político muy importante, participando en las tareas de gobierno.

Las escenas y los retratos de ambos tenían el fin de rellenar el vacío dejado en el culto particular y doméstico por la proscripción de las imágenes de dioses. Sin embargo, y a pesar de la omnipresencia de Nefertiti y Akhenatón en los espacios públicos y en las tumbas de la élite, el nuevo programa no caló en el sentimiento popular.

 

 Cambios y continuidad

Otra novedad aportada por los reyes fue la de impulsar un nuevo estilo de representación de la figura humana, caracterizado por cabezas alargadas, torsos estrechos, vientres abultados y caderas redondeadas. Se trata de una deformación estilística que se aplicó a todas las figuras con independencia de su género, quizá universalizando un rasgo identificativo de la anatomía de la familia real. Además, se introdujeron cambios sustanciales: la perspectiva sustituyó al sistema de tamaños relativos, y la cuadrícula en que se encuadraban las figuras pasó de cuatro por nueve a cuatro por doce. Esta última innovación fue la única que perduró más allá de la revolución amarniense.

Estos cambios estéticos y simbólicos no tienen un correlato político. Si en el ámbito interno la pareja real acrecentó su poder con la reforma religiosa, en el exterior mantuvo la misma política de alianzas y relaciones de vasallaje que habían construido sus antecesores, y logró conservar las conquistas hechas por éstos en Canaán y Libia. Las relaciones de Akhenatón y Nefertiti con sus pares de Babilonia, Mitanni, Asiria y Hati, así como con los reyes súbditos de otros territorios, están muy bien documentadas por las Cartas de Amarna, parte de un archivo real encontrado en las excavaciones arqueológicas de Ajetatón. Hasta la fecha se han descubierto casi 400 tablillas, hoy repartidas por varios museos del mundo; estas tablillas constituyen un excepcional testimonio de las relaciones internacionales de la época y también incluyen información sobre otras cuestiones, como la política matrimonial de los reyes.

 

 El misterio de los últimos años

Hacia 1334 la presencia de Nefertiti se vuelve nebulosa. No se han encontrado representaciones de ella ni referencias escritas a partir de ese momento. ¿Qué pasó?

Una posibilidad es que la Gran Esposa Real falleciera víctima de la pandemia que asoló el Mediterráneo durante el reinado de Akhenatón. La enfermedad acabó con las vidas de la reina madre Tiy (madrastra de Nefertiti) y varias de las princesas, y fue presentada tras el período de Amarna como un castigo divino a la herejía real. Pero no hay ningún noticia sobre la muerte de Nefertiti, salvo un ushebti (figurilla de uso funerario) con forma de faraón que porta los dos cetros y lleva la inscripción «La Heredera, alta y poderosa en el palacio, confidente del señor del Alto y Bajo Egipto Neferjeperure Uaenre, el hijo de Re, Ajenatón, la Gran Esposa Real Neferneferuatón Nefertiti». Con todo, no es una prueba concluyente.

Para complicar las cosas, la «desaparición» de la reina coincide con el nombramiento como corregente de Esmenjkare, un personaje aparentemente masculino y también misterioso que llegó a reinar brevemente tras la muerte de Ajenatón. Se ha especulado con que Esmenjkare fuera la propia Nefertiti, que para poder suceder a su esposo adoptara nombre y títulos masculinos y contrajera matrimonio ceremonial con su propia hija Meritatón. No habría sido la primera vez que esto ocurriera en la historia de Egipto: Hatshepsut había hecho lo mismo siglo y medio antes, y hubo dos reinasfaraón anteriores.

Una tercera conjetura plantea la caída en desgracia de Nefertiti, tal vez su divorcio, y su muerte años después, en el anonimato, durante el reinado de Tutankhamón.

Fuera cual fuese el último capítulo de su vida, la «bella de Atén» no consiguió que su revolución cambiara Egipto para siempre, porque todo el legado de Nefertiti y Akhenatón fue objeto de anatema y olvido muy pronto. Pero la reina sigue viva en la memoria y el imaginario popular.

 

ADEMÁS

 

EL BELLO BUSTO DE NEFERTITI Y DEL MISTERIO DEL OJO PERDIDO.

Cuando en 1912 se halló en Ajetatón el célebre busto de la reina Nefertiti, hoy conservado en el Neues Museum de Berlín, le faltaban parte de la oreja izquierda, que fue encontrada in situ más adelante, y el ojo del mismo lado, que, por desgracia, no apareció. La imaginación ha volado desde entonces en busca de explicaciones.

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Busto de Nefertiti.

El lugar donde se produjo el hallazgo fue identificado como el estudio del escultor Tutmosis gracias a una figurita de marfil con el nombre del artista y la inscripción «Favorito del rey y maestro de obras, el escultor Dyehutymose». El retrato estaba caído en el suelo de una casa abandonada y yacía boca abajo. Pero no había allí ninguna pista sobre el famoso ojo desaparecido. Además de esas piezas, el singular espacio arqueológico contenía retratos en yeso, granito y arenisca de otros miembros de la familia real, como Ajenatón, su padre Amenhotep I II, su otra esposa Kiya, su suegro y sucesor Ay y su hija Anjesenpaatón. Quizá, el proceso de damnatio memoriae —borrado de todo rastro de un personaje— al que fueron sometidos Ajenatón y Nefertiti por sus sucesores hizo caer en desgracia al escultor. Pero ¿por qué le falta un ojo a la hermosísima representación de la reina? Trabajando en el vacío de la ausencia de datos fehacientes, algunos autores han especulado con la posibilidad de que Nefertiti perdiera el ojo a consecuencia de una enfermedad como el glaucoma o el síndrome de Marfan, pero el propio Tutmosis esculpió imágenes de la reina a más avanzada edad y con sus dos ojos. Lo más probable es que la lesión afectara sólo a la escultura y no se correspondiera con el original, creado como muestra para realizar copias. La hipótesis más literaria —y, por lo demás, desprovista de fundamento—describe a un Tutmosis enamorado de Nefertiti que arranca un ojo a su obra llevado por la amargura y la cólera al enfrentarse a la certeza de que su pasión no es correspondida por la reina. El honor del hallazgo del busto corresponde a Ludwig Borchardt, fundador del Instituto Alemán de Arqueología en 1907

5-Faraones con sus hijas.metirta.online

UN ARTE NUEVO.

Este relieve muestra, con una cercanía totalmente inusual, a los faraones con sus hijas: Nefertiti tiene en su regazo a dos de ellas y su esposo Ajenatón juega con una tercera, mientras el disco solar da vida con sus rayos (Museo Egipcio, El Cairo).

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