LA INVENCIÓN DE LAS MASAS.

A mediados del siglo XVIII Londres comenzó a ser una población populosa, una capital con algunos barrios bulliciosos. Uno de los problemas de las autoridades municipales consistía en el control de la bebida. Primero la cerveza y luego la ginebra se convirtieron en bebidas tan populares que las autoridades hicieron campañas sobre los «vicios sociales de las borracheras.

1-Gin Lane Willian Hogarth 1751.metirtaonline

William Hogarth grabó esta imagen para ayudar en esta campaña contra el consumo excesivo de ginebra. Reconocido pintor satírico londinense, fue un eficaz creador de opinión con sus grabados.

Cuándo y cómo se originó el capital y el capitalismo, o las acumulaciones humanas en las ciudades, o en qué circunstancias se inventó el comercio, pero también sería alentador explicar cómo se descubrió que el abuso de unos seres humanos sobre otros es rentable, aunque sólo fuera para conjurar esas tendencias. Sí, sería muy interesante poder contestar esas cuestiones tan centrales para explicar muchos éxitos y fracasos de la sociedad en que vivimos. Pero quien lea este libro sabrá lo difícil que resulta responder a interrogantes tan primordiales; por eso, nos conformaremos con señalar los momentos y las circunstancias que acompañaron a las grandes eclosiones demográficas a lo largo de la revolución tecnológica del siglo XIX, y a la formación de una nueva forma de valorar al ser humano como parte de una masa social. Ese siglo fue una época de inventores, sin duda; todo el ámbito industrial europeo y americano se nutrió de inventores que aportaron ideas para transformar nuestro mundo. Inventores con nombre y apellido a los que podemos atribuirles la construcción de objetos que generaron especies tecnológicas nuevas como máquinas de coser, motores de explosión o bombillas. En este capítulo deseamos llamar la atención sobre otro tipo de objeto más impalpable, y que habitualmente pasa inadvertido en los libros de la revolución industrial porque es un objeto social, nos referimos a la invención de las masas. Masas humanas, colectivos formados por un gran número de individuos que se reúnen en un punto geográfico, en torno a una explotación minera, junto a un núcleo industrial o en una ciudad. Se ha hecho hincapié sobre la importancia que tuvo la invención de la ciudadanía como concepto muy positivo por lo liberador frente al vasallaje del Ancienne Regime, impulsado por la Revolución francesa.

La ciudadanía fraguó la nueva burguesía emergente en los estados decimonónicos, pero el fresco social queda truncado si no se le incorporan los cientos de miles de personas que se sumaron a la revolución industrial como aprendices o maestros, como obreros de las fábricas sin fortuna ni patrimonio y por los tan llamados proletarios, y como habitantes de las nuevas aglomeraciones urbanas que crecieron de forma espectacular durante todo el siglo. No se puede entender la revolución industrial si no se toma en cuenta que esas masas humanas incorporaron burgueses y proletarios con toda la gama posible de fortunas y de haciendas, aunque implicados todos ellos en la misma aventura industrial.

La primera revolución industrial británica del siglo XVIII movilizó a grandes colectivos que emigraron de sus lugares de procedencia agrícola para instalarse en las zonas industriales. Pero ese movimiento no fue nada si se compara con el crecimiento demográfico del siglo XIX y el aumento de las aglomeraciones industriales. Lo interesante de esta eclosión humana decimonónica reside en que se vio acompañada de espectaculares incrementos de la producción industrial y de la incorporación de nuevos escenarios donde las masas podían contemplar los resultados de la liturgia del progreso, como fueron las sucesivas exposiciones universales que se llevaron a cabo a partir de 1851. Eran universales porque la industria y sus productos ya eran la expresión del ingenio humano universal y además porque se fabricaban para la aspiración de todos; unos lo poseerían como objetos muy preciados, otros los admirarían como producto de un talento colectivo.

El proceso de transformación y concentración demográfica se puede observar en el incremento de población de las ciudades. Londres tenía menos de un millón de habitantes en 1800 y a finales de siglo alcanzaba los 4,5 millones. En el mismo periodo, París pasó del medio millón a los 2.700.000. Partiendo de menos de doscientos mil habitantes, Berlín casi alcanzó los tres millones a finales del siglo XIX. Pero todas estas cifras fueron batidas por Nueva York, que no alcanzaba los setenta mil habitantes en 1800 y, sin embargo, terminó el siglo con 3,5 millones. Este incremento de la población es una consecuencia directa de las mejoras higiénicas que se ven reflejadas en la disminución de las muertes durante los partos y en la mortalidad infantil; sin embargo, el aumento de la población urbana no sólo se nutrió del crecimiento vegetativo sino también de la emigración, de la succión que la industria y el comercio ejercía sobre la población agrícola, y por el atractivo que tuvo la emigración a América durante todo el siglo XIX. Las masas viajaban, necesitaban medios de transporte, requerían viviendas, deseaban productos industriales. La industria era motor de ese deseo y el ámbito donde se satisfacía.

3-Las casas alineadas.metirtaonline

Las casas alineadas.

Las masas se habían formado al ritmo del encanto del progreso. Masas e industria se retroalimentaron durante todo el siglo, y a finales de la centuria ya eran un mecanismo imparable que tenía vida propia. Aumentó la producción de los elementos que expresaron la necesidad básica de la época. Se necesitaba carbón y acero, y se tuvo carbón y acero. Claro que también podría decirse que se produjo carbón y acero y entonces se necesitó carbón y acero. La construcción del ferrocarril exigía gran cantidad de hierro, y de hecho en Gran Bretaña se producían 2,5 millones de toneladas de hierro dulce en 1850, frente a las 60.000 toneladas de acero; este metal sólo se usaba en la fabricación de cuchillería y de herramientas que requiriesen un material más duro y fiable. Henry Bessemer (1813-1898) introdujo una forma de obtener acero en grandes cantidades, consistía en insuflar aire para que el hierro adquiriera la cantidad adecuada de carbono y conseguir así la dureza del acero y a partir de 1856 pudo registrar varias patentes para explotar industrialmente esta técnica.

A partir de 1860 la producción del acero Bessemer se contaba en millones de toneladas métricas; la abundancia de ese metal permitió la construcción de mejores líneas de ferrocarril, de máquinas de tracción más eficaces, de cascos de barcos de mayor tamaño y resistencia, de construcciones más amplias y diáfanas. Las masas disponían de su primer material revolucionario, el acero. Junto con esa explosión de abundancia del metal duro y maleable, se produjo otro fenómeno social para las masas, los zoológicos y los jardines botánicos de los que disponían las grandes ciudades para acercar la fauna y la flora alejadas a los visitantes.

También se habían montado exposiciones industriales que daban cuenta de la producción local de maquinaria y objetos para solaz de los ciudadanos. Aquellas exposiciones no fueron suficientes para satisfacer la curiosidad tanto de los que amaban como de los que repudiaban las industrias. Entre 1850 y 1900 se inauguraron cerca de un centenar de exposiciones llamadas «universales», aunque más por la intención que por la realización. Sin embargo, unas cuantas de esas exposiciones fueron verdaderamente internacionales y consiguieron ejercer una decidida influencia en la tecnología de la época gracias a que los inventores dispusieron de un panorama completo de los avances que había conseguido la tecnología en cada uno de los Estados que acudieron a esa convocatoria. Además, se convirtieron en fenómenos de masas, los recintos se inundaron de visitantes que podían observar el panorama del progreso.

La primera exposición universal de Londres fue en 1851 y se realizó en el Crystal Palace, un fantástico edificio situado en Hyde Park de hierro y cristal diseñado por un constructor de invernaderos llamado Joseph Paxton (1801-1865). La estructura resultaba delicada y grácil, los más pesimistas temían que fuera destruida por la fuerza del viento. Contra todos los malos pronósticos, la reina Victoria inauguró la exposición el 1 de mayo de 1851 y resultó ser un éxito popular

Aunque los burgueses siempre vieron con desconfianza la presencia de los obreros en torno a un lugar tan exclusivo como Hyde Park, las masas se comportaron de un modo muy civilizado, tanto las londinenses como las que llegaron en tren procedentes de muchos lugares de Inglaterra y de Francia. Cerca de 14.000 expositores llenaron el pabellón, y la mitad procedían de fuera de Gran Bretaña. Los británicos se llevaron una doble sorpresa, en primer lugar pudieron comprobar la vitalidad del mundo americano, que mostraba un desarrollo industrial insospechado en sólo dos generaciones; en segundo lugar, que un nuevo colectivo europeo, los estados alemanes, pujaba por abrirse paso entre las naciones industrializadas. Los visitantes se contaron por millones, las masas acudieron a la llamada de los flautistas del progreso. Posteriormente, muchas ciudades imitaron la exposición de Londres; Nueva York, París, Viena, Filadelfia y Chicago se convirtieron en sedes privilegiadas para estos acontecimientos que celebraron las fechas fundamentales del descubrimiento de América, de la independencia de las naciones y de las revoluciones que tuvieron éxito, como la francesa. ¿Las masas estaban satisfechas con los resultados de la revolución industrial? La literatura de la época y la filosofía se hicieron eco de las convulsiones de la parte más favorecida de la sociedad por el capitalismo salvaje, por el mercantilismo a cualquier precio, por la transformación del trabajo en mercancía, ingrediente básico de cualquier interpretación de la economía liberal.

8-Galeria Umberto I de Nápoles.metirtaonline

Galeria Umberto I de Nápoles.

Al mismo tiempo que se conjuraba la esclavitud y la servidumbre, en Europa aparecía una nueva clase proletaria desarraigada que desestabilizaba el orden de la revolución industrial, el ideal del ciudadano satisfecho y la imagen apolínea de la deportiva competición de los más hábiles en los negocios. Las revueltas contra la autoridad más llamativas se produjeron en Francia, sede de la tradición revolucionaria, y los acontecimientos de 1830 desposeyeron definitivamente a la familia Borbón del trono de la nación.

Al cabo de los años, el levantamiento de 1848 terminó con los Orleans, que habían impulsado el enriquecimiento liberal a ultranza del país, incrementando el número y descontento de la clase proletaria. Independientemente del destino de aquellos movimientos, ese mismo año un filósofo alemán llamado Karl Marx redactó un manifiesto para explicar el destino de aquellos movimientos sociales, consecuencia, a su juicio, de la transformación del trabajo en mercancía de la interpretación puramente económica de los procesos productivos. Influido por discípulos del filósofo Hegel, Marx extrajo de la doctrina económica liberal unas conclusiones no especialmente halagüeñas para la burguesía satisfecha. Su interpretación del desarrollo industrial suponía que las sociedades son entidades dinámicas sometidas a tensiones, llamadas «luchas de clases», propiciadas precisamente por lo que se suponía básico y central de cualquier doctrina liberal, la existencia de una plusvalía obtenida del trabajo del proletariado.

En sus convulsiones las masas tuvieron en Marx un intérprete y fueron para él un estímulo para sus interpretaciones. La Liga de los Comunistas estaba formada por muchos artesanos alemanes que habían tenido que emigrar debido a las nuevas formas de producción industrial. Desmantelados los gremios, las nuevas industrias necesitaban una forma de trabajo en serie que no requería las antiguas habilidades expertas de los artesanos; muchos de ellos se convirtieron en la nueva clase ínfima que recibió el nombre de «proletariado».

Estos contingentes se organizaron en muchas ciudades de los nuevos países industrializados, como París y Londres, y, finalmente, formaron el movimiento comunista al que se incorporó Karl Marx junto con su amigo Friedrich Engels en 1847. El encargo de redactar un manifiesto en todas las lenguas de las naciones industriales muestra el grado de implicación de esos dos pensadores en el movimiento comunista del que terminaron por ser inspiradores y verdaderos líderes intelectuales. Los fenómenos de masas adquirieron una nueva dimensión que eclosionó a lo largo del siglo XX en las apoteosis anteriores a la Segunda Guerra Mundial.

SABER MÁS      

La vida dentro de las minas nunca consiguió un gran confort. En las minas de carbón, las corrientes de agua inundaban las galerías y obligaban a construir sistemas de drenaje. Debían tener en cuenta que una bomba de extracción sólo lograba quo el agua ascendiera unos metros y así, como muestro la ilustración, en el siglo ion se tenían que asociar varias bombas de extracción a todo lo largo del pozo de la mina. Muchas explotaciones carboníferas se abandonaron en el siglo XVI y XVII debido a las inundaciones de las galerías.

La revolución industrial movilizó grandes contingentes humanos en la industria y en la explotación minera. Los niños formaron parte de esa marea humana. Durante décadas trabajaron en industrias y minas porque se aprovechaba su menor tamaño y su agilidad para tareas fatigosas en jornadas agotadoras. Trabajaron en la explotación de las minas de carbón para acarrear el mineral por los túneles. La explotación de los miembros más débiles durante el siglo XIX hoy resulta el rostro más vergonzoso de aquel periodo de desarrollo y riqueza

2-Las minas de carbón.metirtaonline

Las minas de carbón.

Las minas de carbón se convirtieron en la fuente de energía de las sociedades industriales del siglo XIX Fueron fundamentales para la economía y para mantener el desarrollo de las comunicaciones. Las explotaciones carboníferas se convirtieron en auténticas ciudades donde trabajaban varias generaciones de la misma familia, incluyendo muchas veces los niños.

Las mejoras sociales para los obreros de la revolución industrial se centraron en la salud, la educación y la vivienda. Las casas de la fotografía, alineadas e iguales, representan parte de ese ideal de alojamiento forjado en la revolución industrial. Nada nuevo, si se mira con atención las casas de la Fuggerei de Augsburgo, construidas ya en el siglo XVI. Sin embargo, en este caso, el número de viviendas si es ‘relevante, en el siglo se construyeron cientos de miles de viviendas iguales a lo largo de calles iguales en ciudades iguales.

De la abundancia de carbón no se beneficiaban por igual todos los miembros de la sociedad. El proletariado urbano a veces sólo podía aspirar a los desechos que recolectaban. La palabra «pobre designaba a quienes no tenían calor ni alimento y formaban la parte más perjudicada de la revolución industrial.

A veces, las familias de los anarquistas sufrían dramas silenciosos y marginales, como el que muestra la pintura de Eduardo Chicharro (1873-1949). La pobreza de la casa y de los muebles y los gestos de dolor componen un cuadro que se suele denominar de pintura social. A finales del siglo XIX y principios del XX, los movimientos obreros adquirieron una fuerza y dimensión que hizo temblar a la burguesía. Los anarquistas extremos intentaron acabar con el poder atacando sus símbolos personales en los políticos reconocidos, grandes industriales y la jerarquía eclesiástica. Sus familias se convirtieron en víctimas.

4-La Familia del Anarquista.Eduardo Chicharro.metirtaonline

Eduardo Chicharro la familia del Anarquista el día de su ejecución 1910 Óleo sobre lienzo Detalle.

 

Las catedrales para las masas: las exposiciones universales

 Principales Exposiciones universales

1851 + Londres: The Great Exhibition

1853 + Nueva York Exhibition of the Industry of all Nations

1855 + Paris: Exposition Universelle

1862 + Londres: International Exhibition

1967 + Paris: Exposition Universelle

1873 + Viena: International Exhibition

1876 + Filadelfia: Centena! Internacional Exhibition

1878 + Paris: Exposition Universelle

1889 + Paris: Exposition Universelle

1893 + Chicago: World’s Columbian Exposition

1900 + Pan’s: Exposition Universelle

 

Marx: el manifiesto de 1848

«Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han aliado en santa cacería contra ese fantasma: el papa y el zar, Mettemich y Guizot, radicales franceses y policías alemanes. ¿Dónde está el partido opositor que no haya sido tachado de comunista por sus adversarios gobernantes?, ¿dónde está el partido opositor que no haya relanzado el estigmatizante reproche de comunista, tanto a sus adversarios más avanzados como o sus enemigos más reaccionarios? Dos cosas se derivan de este hecho. Todas las potencias europeas reconocen ya el comunismo como una potencia.

Ha llegado la hora de que los comunistas expongan abiertamente ante el mundo entero su visión, sus objetivos, sus tendencias, y opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del partido mismo. Con este fin se han reunido en Londres comunistas de las más diversas naciones y han esbozado el siguiente manifiesto, que se publica en inglés, francés, alemán, italiano, flamenco y danés».

Proemio del Manifiesto Comunista de 1848, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels, y publicado en Londres, en edición de Pedro Ribes, Alianza Editorial, 2001.

 

La imprenta siguió siendo en el siglo XIX una industria que podría llamarse «progresista». El periodismo podía ayudar a subvertir situaciones sociales inestables, como lo fueron todas las que produjo la revolución industrial. La Nueva Gaceta Renana se publicó en Colonia en la década de 1840. Durante 1848 y 1849 tuvo a Karl Marx como editor y a Friedrich Engels como miembro de su redacción. Desde esta publicación se apoyó la revuelta de los impuestos en Renania. La policía expulsó del país a Marx, que terminó por exiliarse en Londres.

5-La imprenta S XIX-metirtaonline

LA IMPRENTA- S.XIX – E. Cbapiro, 1961 Museo Marx-Engels, Moscú

 

La tecnología para todos

El siglo XIX asistió a un desarrollo extraordinario de inventos que repercutieron sin duda en la vida cotidiana, primero de las clases medios y posteriormente, de todos los habitantes de las sociedades industrializadas. Coser, cocina limpiar… eran actividades necesarias en todos los estratos sociales y a lo largo de la centuria aparecieron muchas máquinas que pretendían ayudar en la realización de esas toreas. Entre las máquinas del siglo XIX que fueron perfeccionadas por sucesivos inventores y que resultaron hitos de invención se pueden mencionar las siguientes:

  1. La máquina de coser de Merrit Singer aunó muchas ventajas de las anteriores máquinas de este tipo a partir de 1853.
  2. Se pueden encontrar los primeros prototipos de la máquina de lavar en 1851 producidos por james King, pero hasta 1873 no se construyó una realmente eficaz, obra del norteamericano Blackstone. Se trataba de una máquina manual, pero eficaz para lavar ropa y fue producida en serie durante años.
  3. Las nuevas industrias necesitaron una forma diferente de realizar trabajos de oficina. En 1870 aparecieron las primeras máquinas de escribir competentes, de piezas intercambiables, sencillas y prácticas para poder mecanografiar con gran rapidez.

 

El Crystal place fue ideado y construido por Joseph Pasión, un experto en el uso del cristal y del acero, que consiguió dar al edificio una levedad y luminosidad extraordinaria. Todo un derroche de dinero e ingenio para una arquitectura efímera (el edificio fue pensado para que durase unos meses), construida para que las masas entendieran la fortaleza del progreso.

6-El Crystal Palace.metirtaonline

El Crystal Palace. – Victoria and Albert Museum, Londres

 

El placer de contemplar: la torre Eiffel

Un centenario como el de la Revolución francesa requería una gran exposición que mostrara el vigor industrial de la Francia de 1889. Además, una gran exposición necesitaba un símbolo adecuado. Gustave Eiffel (1832-1923) era ya para la época un acreditado diseñador de estructuras de acero usadas para la construcción de puentes y edificios muy característicos de la época. En 1888 pretendió construir una torre de acero de 300 metros de altura, la estructura en acero más alto del mundo. Europa no estaba afectada por la moda americana de los rascacielos, y París nunca pretendió competir con Chicago ni con Nueva York. No se trataba de una construcción para la industria, sino para el espectáculo: desde ella se podría contemplar la ciudad y además debía ser un edificio francés, expresión del poderío inventor de la nación. Sin embargo, su orgullo sufrió algún contratiempo; por razones de estabilidad los pies de la torre tienen forma hiperbólica. La dificultad de esa forma hizo que nadie en Francia se sintiera capaz de construir ascensores que llevaran al público desde el nivel del suelo hasta los primeros 115 metros de altura.

Fue un pequeño éxito de la industria norteamericana ofrecer la solución y la Otis Elevator Company proporcionó unos ascensores que realizaron satisfactoriamente el trabajo. Lo torre, en definitiva, era una muestro de arquitectura efímera para el orgullo de París y disfrute de las masas. Pasada la gran exposición, resultaba razonable desmontada y volver a fundir el acero, o bien volverla o levantar en otro lugar donde no estorbara excesivamente, pero las masas se habían encariñado con el símbolo y después de algunas discusiones, la torre permaneció como símbolo de una ciudad y de una cultura que ama lo volátil.

La fotografía del siglo XIX fue también un arte documental de las novedades industriales. Las cuatro tomas de la construcción de la torre Eiffel pertenecen a una serie de once que realizó Henry Guttmann en el año de construcción del edificio emblemático de la Exposición Universal de Paris del año 1889. Gracias a esta serie, se dispone de información preciosa del proceso de construcción de la torre destinada a ser efímera y que terminó por ser casi el alma de hierro de París.

7-Construcción de la Torre Eiffel SXIX.metirtaonline

Construcción de la Torre Eiffel SXIX: A-15 de marzo de 1888 B- 7 de octubre de 1888 C- 14 de noviembre de 1888 D- 3 de diciembre de 1888

La arquitectura de hierro y cristal fue un tributo a la luz. El siglo de las luces dio paso al siglo de los espacios luminosos, de bóvedas y cúpulas construidas con una estructura liviana que permitía otra concepción del espacio. La maestría en el uso del acero permitió crear ámbitos interiores en edificios públicos. Se creó todo un estilo de construcción… La galería Umberto I de Nápoles se parece a la de Vittorio Emanuele de Milán. El espacio también inspira la moda.

 

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