VOUIVRE

 

Vouivre

La vouivre es un monstruo muy conocido en Francia, y según las zonas recibe el nombre de wivre, wouivre, wouavre e incluso guivre. Vive en los bosques del Franco Condado, la Borgoña y el Jura, aunque también se cuentan historias sobre ella en la frontera suiza. Se trata de una serpiente alada con la propiedad mágica de convertirse en una hermosa mujer, a la que le gusta nadar en los ríos y en los lagos. Dicen que custodia un inmenso tesoro y que en la frente lleva colgada una piedra milagrosa, el carbúnculo, más conocido como carbunclo, un tipo de rubí muy codiciado por los hombres por el poder que otorga a su poseedor. Según muchas leyendas, la persona que logre quitarle su joya a una vouivre se hará inmensamente rica y poderosa. Por este motivo, han sido muy vigiladas y perseguidas, y casi todas las leyendas que hablan de ellas coinciden en el motivo del robo del tesoro. Como ocurre con otros muchos seres serpentiformes, a las vouivres se las ha considerado también como dragones con la capacidad de convertirse por la noche en bellas mujeres, o más bien en náyades. Coinciden aquí dos tradiciones folclóricas, la del dragón que custodia un tesoro y la de la encantadora muchacha, con propiedades mágicas o no, que acude en mitad de la noche a bañarse desnuda a una fuente, un lago o un río.

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La Vouvre monstruo muy conocido en Francia es una serpiente alada que se convierte en mujer.

Una de las más conocidas leyendas sobre estas criaturas se cuenta en el Franco Condado, cerca del lugar donde la vouivre tenía escondido su tesoro, aunque su bien más preciado lo llevaba siempre consigo. Se trataba de un carbunclo que tenía engarzado en una diadema que colocaba sobre su frente. Los que la habían visto afirmaban que por las noches acudía con sigilo hasta el río y allí se convertía en la más hermosa de las mujeres. Se desnudaba completamente, dejaba la diadema sobre una roca y nadaba durante horas sin importarle que los hombres la contemplaran, hipnotizados por su belleza.

En una ocasión, un joven del lugar, del que se sabe que se llamaba Jacques Joli Coeur decidió robar el preciado carbunclo y, para ello, se hizo construir un tonel recubierto de clavos afilados. Esperó a que llegara la noche, se introdujo en él y ordenó que lo colocaran a la orilla del río sobre una tela, donde la vouivre solía ir a dormir. Efectivamente, ella acudió allí y se acostó sobre la tela, pero en cuanto estuvo dormida, el muchacho le arrebató el carbunclo. La vouivre, por supuesto, se dio cuenta, pero cuando fue a enrollarse sobre el tonel se pinchó con los clavos y murió.

 

Y ADEMÁS

Para evitar que los niños y los adolescentes corrieran a las riberas de los ríos a contemplar a las jovencitas que allí se bañaban desnudas, antiguamente se les inculcaba desde pequeñitos la idea de que la mayoría de las bañistas eran vouivres.

Algunos folcloristas consideran que la reina de las vouivres fue la famosa Melusina, que estaba condenada a convertirse en serpiente todos los silbados, día en el que nadie debía verla, y menos que nadie su marido, al que se lo tenía terminantemente prohibido. Hasta que un sábado, el muy imprudente, no pudo contener por más tiempo su curiosidad y fue a contemplar a su mujer al río en el que en ese momento se bañaba, convertida en serpiente. Y ése fue el último día que su esposo vio a Melusina, que huyó de su lado para siempre.

 

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