SIRENAS

 

Sirenas

Las sirenas son monstruos del mar con un enorme poder de seducción. La versión más extendida sobre su aspecto físico las representa como seres híbridos, mitad mujer y mitad pez, y su canto es tan maravilloso que consiguen volver locos a los marinos, que llegan incluso a arrojarse por la borda de sus barcos con tal de estar con ellas. En otras ocasiones, atraen a los navíos hasta los arrecifes, los precipitan contra las rocas y, tras el naufragio, devoran a toda la tripulación.

La imagen que tenemos actualmente de las sirenas es la que aparece en el famoso bestiario De monstris, del siglo VI, y así es como han sido representadas iconográficamente desde entonces. Si cerramos los ojos y tratamos de imaginarlas, seguramente lo que veamos sea a una mujer desnuda de cintura para arriba, tremendamente hermosa y con sus rubios cabellos largos cubriéndole los pechos. Estará sentada sobre una roca, mirando a lo lejos un barco, y en lugar de piernas tendrá una inmensa cola de pez que se hunde en el agua. Así es como nosotros las conocemos, pero para los griegos de la época clásica, las sirenas eran aves marinas con cabeza y torso de mujer, y vivían en una isla situada al sur de Italia. Eran hijas del dios marino Forcis y representaban uno de los mayores peligros con el que podían toparse los marineros. Aún así, no faltan las historias que hablan de héroes que consiguieron sobrevivir a sus encantamientos.

Se cuenta que Orfeo salvó a los argonautas que buscaban el Vellocino de Oro con la música de su lira, que neutralizó los cantos de las sirenas y rompió el hechizo de sus voces. Algo parecido ocurrió con Ulises, aunque en esta ocasión fue Circe, la hechicera, la que le aconsejó sobre el modo de librarse de estas criaturas. Según cuenta Homero en la Odisea, Ulises ordenó a sus compañeros que taponaran sus oídos con cera para no oír los cantos de las sirenas. Pero él, llevado por la curiosidad, sí quiso oírlos, así que para no sucumbir a la tentación de arrojarse por la borda ante su belleza, pidió que lo ataran al mástil de su embarcación. Probablemente, estas sirenas son las primeras mujeres fatales de la literatura universal. Ovidio, en sus Metamorfosis, también se hace eco de la versión alada de las sirenas, aportando una curiosa explicación: las sirenas son las compañeras de Perséfone, la esposa de Hades, el dios del Infierno, y las alas les sirven para buscar en el mar a su amiga desaparecida después de ser raptada por su esposo.

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Sirena mitad mujer mitad pez.

En el ámbito cristiano, las sirenas simbolizan la duplicidad de la naturaleza humana, en la que conviven el bien y el mal, lo humano y lo monstruoso, la vida llena de alegrías, pero también de pesares. La existencia del ser humano puede ser una comedia, pero también un drama si no se concilian esas dos mitades.

Este motivo dramático fue maravillosamente recogido por Andersen en su cuento de La Sirenita, en el que la protagonista tiene un final desdichado al no poder hacer realidad su sueño de convertirse en la esposa del príncipe. En esta historia de amor desgraciado, la protagonista siente fascinación por el mundo de los hombres y por la vida inmortal que les espera después de la muerte. Las sirenas viven 300 años, pero cuando mueren se convierten en espuma de mar y sólo queda de ellas el recuerdo. La Sirenita se enamora de un joven príncipe al que salva de un naufragio y quiere conquistarlo. Entonces, pacta con la bruja del mar, que le proporciona unas piernas a cambio de su voz. Así, con forma de mujer, pero muda, trata de enamorar al príncipe, que sin embargo está fascinado por la sirena que le salvó la vida sin reconocerla en esa muchacha muda por la que siente un gran cariño, pero no amor. Al final, el príncipe se casa con la hija de un rey vecino y ese mismo día la Sirenita se transforma en espuma de mar.

 

Y ADEMÁS

El turista que visite la ciudad de Copenhague, donde pasó su vida Hans Christian Andersen, podrá contemplar a la entrada del puerto la mundialmente conocida estatua de bronce de la Sirenita.

En los pueblos costeros del norte de España se cree en la existencia de las simias que habitan en las aguas del mar Cantábrico. Gonzalo Torrente Ballester las describe en su relato corto »El cuento de una sirena».

En un pueblo de las Rías Babeas, Sanxenso, podemos contemplar la estatua de una sirena cerca del muelle del puerto, en la playa de Silgar. Se alza en honor de las muchas sirenas que cruzan sus aguas.

La factoría Disney realizó en 1989 la más encantadora versión de dibujos animados basada en la historia de Andersen, aunque esta vez con un final feliz.

Uno de los cuadros más famosos en los que aparecen representadas las sirenas es obra de Leon Belly conservado en el Museo de L’Hotel Sanderin, en Saint Omer, Francia.

 

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