NUCKELAVEE

 

Nuckelavee

El nuckelavee es un repulsivo monstruo marino al que sólo se puede ver en Escocia, más concretamente en las islas Orcadas, aunque parece que también frecuenta las islas Shetland, donde se le conoce con el nombre de mukkelevi. Es muy parecido al centauro, pero de naturaleza maligna y de aspecto muy desagradable. De cintura para abajo parece un caballo, pero en las patas tiene unos órganos parecidos a aletas que le sirven para desplazarse en el agua. No tiene piel, por lo que su cuerpo se muestra en carne viva, con los músculos y tendones al aire. Su sangre es negra, y corre por unas venas que son de color amarillo. Del lomo le sale un cuerpo parecido al de un hombre, con brazos y cabeza, pero completamente deforme. Su boca es inmensa y sólo tiene un ojo. A veces sale a la superficie para buscar alimento, pero siempre procura alejarse de las corrientes de agua dulce, por la que siente aversión.

Según algunos autores, la palabra «nuckelavee» sería una corrupción del término dialectal «knoggelvi», que parece ser una variante de «nokk» o «nuggle», que es también una criatura de las islas Orcadas con la que guarda relación, y que mantiene importantes semejanzas con los caballos acuáticos y con el kelpie. Como otras muchas criaturas del folclore, el nuckelavee es un híbrido, una mezcla de varios seres. Comparte rasgos físicos que son característicos de los caballos, de los hombres, de los peces y de los cíclopes. Su maldad queda representada en el color de la sangre, que es negra, pero también en el miedo que siente ante el agua dulce. El agua siempre ha sido un símbolo de vida, por ello no nos debe sorprender que los protagonistas de las leyendas en las que aparece el nuckelavee se salven, precisamente, cruzando un río o arrojándose a las aguas de un lago.

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Nuckelavee monstruo marino que sólo se ve en Escocia.

No ha quedado constancia del origen del nuckelavee, o al menos nosotros no hemos dado con él. No hemos podido averiguar cuándo surge el nuckelavee, de quién o qué nació esta inmunda bestia con tendencia hacia el mal, si su aspecto es el resultado de un castigo o de la unión de dos razas de monstruos. Su maldad nos parece, por tanto, mucho más sombría y recóndita. Algunas de las preguntas que nos hacemos sobre esta extraña criatura son éstas: ¿se trata, como el fénix, de un animal único en su especie? ¿Es, al igual que el Leviatán, uno de los monstruos marinos que, según la literatura pseudo epigráfica, Dios creó durante el quinto día de la creación? ¿Es inmortal el nuckelavee? ¿Sale de las profundidades del mar sólo en determinado mes del año, como ocurre con los caballos acuáticos, o es posible encontrarlo en cualquier momento? ¿Busca algo concreto el nuckelavee en sus salidas a la superficie? No tenemos respuestas satisfactorias a ninguna de estas cuestiones. Pero sabemos que en Escocia existen testimonios de personas que afirman haberlo visto, y las descripciones que de él hacen coinciden de modo inquietante.

 

Y ADEMÁS

El testimonio más fiable sobre la existencia del nuckelavee es el de un anciano llamado Tammas, que se salvó al cruzar de un salto un arroyo por el que iba hacia el mar el exceso de agiuz de un lago cercano. Fue recogido por Traill Dennison y publicado en el «Scottish antiquary». Se puede leer completo en los «Scrittish fiiry and filk tales» de Sir Geolge Douglas, y en el «Diccionario de las hadas» de Katharine Briggs.

La primera alusión sobre el nuckelavee de la que se tiene constancia aparece en una obra del siglo XV titulada “Deocriptio lizsularum Orehadiarum”, atribuida a un enigmático Jo Ben, del que izada se sabe, aunque se ha sugerido que detrás de este nombre se oculta la identidad de un religioso llamado Juan Bellenden o Ballendon.

La rémora también puede ser muy útil en la recuperación de tesoros hundidos. Si un barco ha naufragado y todo el oro que transportaba ha caído en las profundidades del mar, nada mejor que coger una rémora conservada en sal y atarla a una cuerda. Con paciencia podremos recobrar todo el oro, pues la rémora se adhiere a él con su ventosa.

 

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