MITOLOGÍA DE GRECIA – TRANSGRESORES.

Violadores del orden natural

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Numerosos mitos griegos tratan sobre los transgresores y sus castigos y quizá contribuyeran a mantener el orden establecido, sobre todo en la familia, pues muchos de ellos hablan de la violación de las barreras de la propiedad sexual. Casi todos están protagonizados por seres humanos, ya que, por lo general, dioses y diosas podían obrar el mal con impunidad, mientras que los desmanes de los mortales recibían severo castigo, paradoja de la que tenían plena conciencia los antiguos griegos. A continuación citamos algunos de los transgresores más destacados:

Atreo y Tiestes, hijos de Pélope, hijo a su vez de Tántalo. Cuando Atreo impidió que su hermano se apoderase del trono de Argos, Tiestes sedujo a Aérope, esposa de aquél. En venganza, Atreo invitó a Tiestes a una fiesta y le sirvió a sus propios hijos. Los hijos de Atreo eran Agamenón y Menelao, que se casaron con Clitemnestra y Helena, quizá las adúlteras más famosas. Egisto, un hijo de Tiestes que sobrevivió, fue amante y cómplice de Clitemnestra en el asesinato de su primo Agamenón, esposo de ésta.

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DÉDALO E ICARO Quizá se conozca mejor a Dédalo por la historia de su hijo, Icaro. El rey de Creta, Minos, se enfureció de tal modo con Dédalo por haber ayudado a Teseo en su lucha contra el Minotauro (véase derecha) que lo encarceló, junto con Icaro. Con el fin de escapar de la isla, el artesano confeccionó unas alas para ambos con cera y plumas y aconsejó a su hijo que no volara cerca del sol, pero en cuanto se lanzaron al aire Icaro olvidó el consejo, se fundió la cera de las alas y cayó al mar, que desde entonces se conoce con su nombre. Dédalo llegó a Sicilia (o a la Italia continental según otras versiones) y vivió allí el resto de sus días. La ilustración está basada en una figurita de bronce de Icaro con las alas puestas, preparado para volar.

Dédalo, considerado por los griegos el mayor de los artesanos e inventores mortales, también fue un transgresor. Pertenecía a la casa real de Atenas pero tuvo que abandonar la ciudad tras dar muerte a su sobrino Pérdix, artesano rival que había inventado la sierra basándose en la espina de un pez. Cuando Dédalo lo arrojó por un acantilado, el joven se transformó en perdiz (perdiz en griego).

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IXION Otro destacado transgresor sexual fue Ixión, rey de los lapitas, raza fabulosa de Tesalia. Intentó violar a la diosa Hera, pero ella lo engañó poniendo en su cama una nube con su forma, con la que Ixión copuló, borracho. Zeus le castigó por su delito condenándolo a estar atado a una rueda ardiente que giraría eternamente en los infiernos. El fruto de la unión de la nube e Ixión fue Centauro, que más adelante cometería también una transgresión sexual al copular con una yegua, de la que nacería el primer Centauro. El dibujo, procedente de una vasija, representa el castigo de Ixión.

Dédalo huyó a Creta, donde entró al servicio del rey Minos, quien había recibido de Poseidón un toro para ofrecérselo en sacrificio, un animal tan espléndido que decidió quedarse con él. Furioso, Poseidón hizo que Pasífae, esposa de Minos, se enamorase del toro. Dédalo construyó una novilla hueca, de tamaño natural, en la que Pasífae podía esconderse para consumar su antinatural pasión, que dio como fruto al Minotauro, bestia salvaje mitad hombre, mitad toro. Enfadado con el artesano, Minos le ordenó que construyese el Laberinto, la prisión del monstruoso híbrido, del que más adelante saldría Teseo tras haber matado al Minotauro con la ayuda del ovillo que Dédalo le había dado a Ariadna.

Las Danaides, las cincuenta hijas de Dánae, descendiente de Zeus e Io. Se casaron contra su voluntad con los cincuenta hijos de su tío Egipto, y la noche de bodas, cuarenta y nueve de ellas mataron a sus esposos. (La otra, Hipermestra, amaba a su marido, Linceo, y de su unión nacieron Perseo y Dánae.) Las cuarenta y nueve asesinas recibieron el castigo de llenar eternamente una jarra de agua con un cedazo en los infiernos.

Tereo, rey de Tracia. Ayudó a Pandión, rey de Atenas, tomó a la hija de éste, Procne, como esposa, y tuvo un hijo con ella, Iris. Filomela, la otra hija de Pandión, fue a ver a su hermana y Tereo la violó y le cortó la lengua para que no pudiera delatarlo, pero Filomela tejió un tapiz que representaba sus sufrimientos y se lo enseñó a Procne. En venganza, las dos hermanas mataron a Iris, lo cocinaron y se lo sirvieron a su padre, quien al descubrir los hechos se lanzó en su persecución. Como habían cometido un asesinato, se transformaron en aves: Procne en golondrina y Filomela en ruiseñor.

 

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Kylix (copa de poco fondo) de h. 470 a. C. que representa a Edipo, con sombrero y cayado de viajero, y la Esfinge en el camino hacia Tebas.

EDIPO

Edipo es el transgresor sexual más destacado de la mitología griega, y la versión más famosa de su historia es la que cuenta Sófocles en Edipo rey. Edipo constituye el ejemplo característico del héroe griego poseedor de todas las cualidades nobles y heroicas pero condenado por el destino a cometer graves delitos contra el orden natural Tebas, lugar en el que se desarrolla la narración, es un escenario frecuente en la tragedia griega. El oráculo de Delfos les había dicho a los reyes de Tebas, Layo y Yocasta, que su futuro hijo mataría a su padre y se acostaría con su madre. Cuando Yocasta dio a luz un niño, Layo le perforó los pies, se los ató y lo abandonó en la ladera de una montaña; pero un pastor lo salvó y lo llevó a Corinto, cuyos reyes, Pólibo y Mérope, le impusieron el nombre de Edipo («pie hinchado»). Años más tarde, en una fiesta, un desconocido se burló de Edipo y dijo que no era hijo de Pólibo. El insulto le dolió y consultó al oráculo de Delfos, quien le vaticinó que mataría a su padre y se casaría con su madre. Convencido de que Pólibo y Mérope eran sus verdaderos padres, Edipo huyó de Corinto, y en el camino a Tebas dio muerte a un desconocido que le había insultado: Layo, su padre. En aquella época, Tebas era asolada por la Esfinge, un ser que mataba a cuantos no sabían resolver el acertijo que planteaba: «¿Qué tiene cuatro piernas por la mañana, dos a mediodía y tres por la tarde?» Edipo retó al monstruo y dio la respuesta correcta: «el hombre» (que gatea de recién nacido, camina erguido en la madurez y con un bastón en la vejez). La Esfinge se arrojó al mar y Edipo fue recibido como salvador de la ciudad. Le rogaron que fuera su rey y que se casara con la reina, que acababa de enviudar: su madre, Yocasta. Con ella tuvo cuatro hijos, dos muchachos, Polinices y Eteocles, y dos muchachas, Antígona e Ismene, y Tebas prosperó durante su reinado. Al cabo de muchos años, la ciudad padeció sequía, hambruna y enfermedades. El oráculo de Delfos dijo que las calamidades acabarían cuando los tebanos expulsaron al asesino de Layo, cuya búsqueda inició el propio Edipo. Descubrió la verdad por boca de Tiresias y del pastor que le había salvado; se cegó y se exiló, mientras que Yocasta se ahorcó.

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