ALIMENTACIÓN QUE MATA

JORDINA ARNAUSARA BLAZQUEZ

 

Por: Jordína Arnau y Sara Blázquez

 

 

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La alimentación insana es una de las principales causas de muerte en Cataluña. Uno de cada cinco catalanes que mueren lo hacen a causa de dolencias derivadas de una mala alimentación.
El exceso de azúcar, de sal y de grasas es el principal factor de la alimentación insana, que se traduce en un aumento sin precedentes de dolencias diversas con un alto índice de mortalidad. Un estudio asegura que las clases populares, las mujeres y los niños son quienes más sufren las consecuencias de una nefasta alimentación en el contexto de crisis económica latente y ante la globalización de una alimentación cada vez más procesada.

Por cada día de salud que perdemos a causa del tabaco, la perdemos también, a causa de una alimentación insana y sus riesgos asociados. Para día perdido por el alcohol, perdemos nueve por una nutrición poco saludable. Por cada uno que perdemos por el consumo de drogas, perdemos once por la mala dieta. Son datos incluidos en el informe Viaje al centre de la alimentación que nos enferma, de la organización VSF Justicia Alimentaria Global. El estudio, que se centra en informaciones del Estado español, a partir de datos tomados por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), un centro de investigación independiente vinculado a la Universidad de Washington, también concluye que la alimentación insana es la primera causa de dolencia y de pérdida de calidad de vida en todo el mundo, también a Europa y en Cataluña. El estudio atribuye a la mala alimentación entre un 40% y un 55% de las dolencias cardiovasculares, un 45% de los casos de diabetes y entre un 30% y un 40% de algunos tipos de cáncer, como los de estómago y de colon. De los 11 millones de personas que tienen problemas glucémicos en el Estado español, especialmente diabetes, 5,2 millones son atribuibles a la alimentación insana. Además, hay medio millón de personas con problemas cardiovasculares que pueden ser consecuencia, también, de la mala dieta. En cuanto al cáncer, el estudio apunta a la alimentación insana como causante de la dolencia de 220.000 personas. La suma de las tres afecciones da como resultado 6 millones de personas enfermas lo principal factor de riesgo de las cuales ha sido una mala alimentación.

En Cataluña, el estudio apunta que una de cada cinco personas que mueren lo hacen a causa de la alimentación insana y de las dolencias mencionadas: cardiovasculares, diabetes y cáncer. También, pero, de sobrepeso y de obesidad, que, según datos de la Encuesta de Salud 2014 del Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña, afecta un 48,1% de la población (un 33,1% tiene sobrepeso, y un 15%, obesidad). La obesidad castiga especialmente determinados sectores de la población. Abel, entre las clases sociales más desfavorecidas hay el doble de personas obesas, que representan un 20% de la población, una cifra que, en el caso de las mujeres, se ensarta hasta un 33,3%. En cuanto a la población infantil, un 34% decís niños de las clases populares tiene sobrepeso, y un 15%, obesidad.

Poca transparencia de la industria alimentaria


Según Ferran Garcia, coordinador del área de investigaciones de la organización VSF Justicia Alimentaria Global y autor de L´informe Viatge al centre de l´alimentació que nos enferma, las cifras en Cataluña apuntan que ingerimos un 50% más de grasas, un 60% más de sal y un 70% más de azúcar del recomendado. La alimentación procesada representa un 70% de nuestra dieta; consumimos muy poca alimentación fresca o no procesada: aquí es donde realmente hay la sal, las grasas y el azúcar. El problema es que un 70% o un 80% aquello que nos está enfermando no lo vemos”, añade Garcia. Con palabras de Ferran Garcia, “la industria alimentaria engaña, de una manera consciente y premeditada. Bajar el consumo de alimentación procesada quiere decir reducir las ventas. Dentro del top 10 de las empresas alimentarias, alrededor de un 60% de su facturación proviene de productos procesados”, apunta Garcia.

Es por este motivo que VSF Justicia Alimentaria Global reclama modificaciones legislativas en el etiquetado nutricional, en la publicidad en las políticas públicas y en el precio de la alimentación. “Hay diferentes mecanismos a través de los cuales la industria del sector condiciona las políticas públicas en alimentación que tienen que ver con salud. Una de estas es a través de las llamadas puertas giratorias”, apunta Ferran Garcia.
Es el caso de Aecosan (la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición), un órgano autónomo adscrito al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del gobierno español encargado de promover y defender los derechos de consumidores y usuarios, y la nutrición saludable. La directora de esta agencia hasta 2015 fue previamente la directora de márquetin de Coca Cola lberian Partners. El anterior director general de Agricultura, que se encargaba de los aspectos que tenían que ver con la salud, después pasó a ser el responsable de Anfabra, el lobby de las bebidas azucaradas Coca Cola y Pepsi.

 

Un etiquetado más claro
A pesar de que una inmensa parte de la población sabe que el azúcar, la sal y las grasas no son saludables, hoy es casi imposible detectar qué alimentos son perjudiciales. VSF Justicia Alimentaria Global lo atribuye a la astucia de las grandes marcas en el etiquetado y la publicidad confusas, hasta el punto de presentar como alimentos beneficiosos algunos que son nocivos para la salud por un exceso de sal, de azúcar o de grasas. El estudio apunta un seguido de minoras en el etiquetado, basadas en legislaciones ya existentes en otros países europeos, como lo Reino Unido. Allí se basan en estudios de la Agencia de Salud Pública británica,  y se aplica el llamado “etiquetado semáforo”, que obliga a indicar el hashtag de los productos una alta cantidad de azúcar, de sal o de grasas saturadas o trans en color rojo; en color naranja, una cantidad moderada, y en verde, una cantidad baja. Según la directora de la Agencia Catalana del Consumo, Montserrat Ribera, “siempre hemos comido azúcar, sal y grasas, pero sí que el etiquetado es poco claro se va mejorando, pero lo más importante es la educación y las normas a casa, relacionadas con el consumo”. Ribera reconoce que “el etiquetado semáforo” es más sencillo y más fácil de entender, pero que se tendría que impulsar “a los macro mercados y entrar a formar parte de la legislación europea”. En cuanto a la publicidad, Ribera apunta que “la Unión Europea (UE) permite destacar las propiedades positivas de los alimentos, pero no obliga a destacar las negativas”. La Agencia apuesta por la educación y la formación sobre consumo responsable, de proximidad y saludable.

Según Carles Miralles, médico y cocreador de la comunidad Loveyourself, dedicada a ayudar las personas a mejorar su salud mediante una nutrición correcta, “la industria alimentaria utiliza el etiquetado de los alimentos en su favor y potencia de manera deliberada la desinformación”. A pesar de que la información nutricional está disponible, “no es fácil de entender para la población general, puesto que se utilizan palabras técnicas, sinónimos, se dan datos nutricionales según dosis recomendada y no sobre los los gramos, la medida y la localización del etiquetado no es siempre el que tendría que ser…

Se hace difícil para alguien sin conocimientos de nutrición evaluar si aquel alimento tiene una composición nutricional recomendable”, añade. Es por esto que Miralles también defiende el etiquetado semáforo.

 

La población infantil, las mujeres y las clases populares, las más afectadas
“La industria alimentaría es consciente que los alimentos con una combinación nutricional poco saludable y en cantidades altas nos incitan al consumo y por esto atacan directamente los niños con sus mensajes y márquetin”, apunta Carlos Miralles. “Esto hace que tengamos niños con una palatabilidad alterada; es decir, que quieren consumir productos que los produzcan placer, niños con sobrepeso u obesidad y unos malos hábitos alimentarios que tendrán toda  la vida y acabarán provocando alguna dolencia una vez lleguen a la vida adulta”, añade el doctor. No es casual, pues, que la mayor parte de los anuncios de productos alimentarios insanos estén dirigidos especialmente a la población infantil.

También existe una relación directamente proporcional entre el nivel de salud  y el socioeconómico. “Las personas con más recursos económicos acostumbran a tener un mayor acceso a la información, al sistema sanitario y a la compra de productos de mayor calidad”, dice Miralles; “es más fácil y barato tener acceso a productos de poca calidad habitualmente procesados que no a verduras o fruta”.

 

La crisis, modificadora de los hábitos alimentarios
Los datos sobre el consumo a los hogares del Estado español demuestran que, desde el 2006, ha disminuir el gasto en alimentación a los hogares con rentas más bajas. En el caso de los hogares con unos ingresos menores de 500 euros, el gasto en alimentación ha disminuido un 35,8% entre el 2006 y el 2014, según datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat). Según el profesor de sociología experto en alimentación Josep María Antentas, este hecho “favorece la compra de productos menos nutritivos y más procesados y ricos en calorías”. Según el Informe del Consumo de Alimentación del Estado español de 2016, el consumo per cápita de bollería industrial aumentó un 2,3%. Por otro lado, los platos preparados son el grupo de alimentos que más incrementaron el volumen a los hogares del Estado el 2016, con un 4,2% de crecimiento respecto al 2015. En los datos de consumo alimentario del 2016 del gobierno español se afirma que las ofertas y los buenos precios continúan siendo factores clave en la hora de comprar un producto como consecuencia de la crisis, a pesar de que también destacan una ligera recuperación económica de los hogares. Según el Gobierno, pero, la mayoría de los hogares continúa influyendo más el precio que la calidad en la hora de acabar adquiriendo un producto.

Josep María Antentas también afirma que “los recortes en gasto alimentaría van acompañadas de hábitos alimentarios poco saludables que favorecen la obesidad. En consecuencia, la crisis contribuye a la vulneración del derecho a una alimentación sana y saludable reconocido por el Pacto Internacional por los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas”, añade el sociólogo.

La mayoría de la población no disfruta de una dieta alimentaría adecuada. Para combatir este problema de salud pública, acontecen imprescindibles las campañas de concienciación, sensibilización y formación sobre la alimentación sana, pero también políticas que garanticen la existencia de un sector agroindustrial solvente, de calidad y de proximidad que pueda hacer frente al sistema alimentario global.

 

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