2 Creaciones Alternativas

Puede que el mito heliopolitano sea la más conocida de las narraciones de la creación egipcias, pero en modo alguno es la única. Todos los templos gozaban de la misma autoridad moral para afirmar que eran la colina original de la creación; de hecho, la mayor parte de los cultos desarrolló su propio relato cosmogónico —por lo común una versión del mito genérico adaptada a los rasgos de su dios particular— para explicar el origen del mundo. En términos generales, estos mitos seguían una serie de etapas concretas: la descontrolada época anterior a la creación venía seguida de la emergencia del creador divino, que origina la luz, el tiempo, los dioses y los hombres, imponiendo así maat sobre el caos. No obstante, los medios mediante los cuales se conseguía esta creación varían de un culto a otro.

 

LOS OCHO DIOSES DE HERMÓPOLIS

En Hermópolis Magna (la moderna Ashmunein), en el Egipto Medio, los sacerdotes del templo de Thot contaban una historia bien desarrollada, que afirmaban era el mito original de la creación egipcia. Desgraciadamente, se ha conservado muy mal, y aunque ha sido posible reconstruir algunos elementos contemporáneos a partir de inscripciones en ataúdes del Reino Medio encontrados en yacimientos cercanos y de restos de textos tebanos, el relato aparece sobre todo en fragmentos de textos ptolemaicos que, al datar del final de la época dinástica, contienen muchos añadidos y distorsiones tardíos.

No obstante, el nombre egipcio de Hermópolis es Khmenu o «Ciudad Ocho», una clara referencia a la Ogdóada, los ocho dioses de la creación hermopolitana, lo cual sugiere que la suya es una historia muy antigua. El nombre utilizado con más frecuencia, el griego Hermópolis (Magna) —literalmente «Ciudad de Hermes»—, refleja el hecho de que los griegos identificaron a Thot con su dios Hermes, mensajero de las deidades olímpicas. El mito hermopolitano comparte muchos elementos con el heliopolitano. Se conocen varias versiones:

En el desconocido tiempo anterior al tiempo existían cuatro pares de dioses. Nun y Naunet, Heh y Hauhet, Kek y Kauket y Amón y Amaunet, que vivían juntos en las aguas primigenias. De repente, con un chorro de energía creativa…

… la Colina de la Llama emergió de las aguas. El «Gran Graznador», un ganso celestial, puso un huevo sobre la colina y, al cacarear, emitió el primer sonido del mundo recién creado. El huevo se abrió y así nació el sol. El dios sol creó entonces a todas las criaturas vivientes.

O…

la Colina de la Llama emergió de las aguas. El dios sol con forma de halcón se posó sobre la colina, que era la primera tierra.

O…

la Colina de la Llama emergió de las aguas. Un brote de loto surgió sobre la colina. Al abrirse, la flor dejó ver al dios sol en forma de niño…

O…

un brote de loto apareció en la superficie de las aguas. Al abrirse, la flor dejó ver al dios sol en forma de niño. El dios sol trajo consigo el tiempo y la creación.

En Hermópolis, al comienzo de todas las cosas existían cuatro parejas inertes; pues cuatro es una cifra buena y equilibrada que significa totalidad, como queda reflejado en los cuatro puntos cardinales y, posteriormente, en las cuatro esquinas del sarcófago y los cuatro vasos canopos utilizados para albergar las vísceras del difunto. 1  Como se comprendía que la creación necesitaba de elementos masculinos y femeninos para consumarse, estas divinidades originales poseen sexo; de tal modo que los cuatros dioses (con cabeza de rana) y las cuatro diosas (con cabeza de serpiente) representan las versiones masculina y femenina de los principales atributos negativos de las aguas primigenias: el caos (Nut y Naunet), la infinidad (Heh y Hauhet), la oscuridad (Kek y Kauket) y el ocultamiento (Amón y Amaunet). Si bien son inertes, juntas poseen la capacidad de dar comienzo a la vida. Se convierten entonces en los padres y las madres del dios sol y, una vez cumplida su misión, mueren y se retiran al otro mundo, donde controlarán el amanecer y atardecer del astro rey, así como la crecida y descenso de las aguas del Nilo. Tradiciones posteriores reconocerán en estas divinidades a los hijos, o quizá las almas, de Thot, Shu o Amón, siendo representadas como los ocho babuinos que se agachan para dar la bienvenida al sol naciente con grandes chillidos y las patas alzadas. Mientras tanto, en el templo pequeño de Medinet Habu, en la orilla occidental de Tebas, recibirán ofrendas de culto en su «lugar sagrado».

1-Dinastías del Antiguo Egipto

Dinastías del Antiguo Egipto.

De nuevo una colina (descrita en ocasiones como la «Colina de la Llama» o la «Isla de Fuego») aparece de repente, emergiendo bien de las ilimitadas y oscuras aguas, bien del limo primigenio. Esta colina emergente está personificada por el dios Tatenen (literalmente la «tierra que se vuelve más visible»), que también representa a Egipto emergiendo de la inundación anual y, por lo tanto, está asociado al dios de la tierra, Geb. El Libro de las colinas de la primera vez, grabado en los muros del templo de Edfu, sugiere que la colina muestra una desolada y acuosa imagen de islas, lagunas y cañaverales. En este desolado paisaje termina brotando un capullo de loto, cuyos pétalos abiertos dejan ver al dios sol con forma de niño —dependiendo de la versión puede tratarse también de un carnero o de un escarabajo pelotero—, cuyas lágrimas crean la humanidad. O quizá el capullo de loto emerge directamente de las aguas del Nun, o el dios sol en forma de halcón (o quizá un fénix) se posa en la colina, que se convierte entonces en la primera tierra. O un huevo cósmico (la semilla o útero perfectos) es puesto por el ganso celestial Gengen (identificado con el dios de la tierra, Geb, y posteriormente con Amón de Tebas) o por un ibis (el símbolo del dios Thot y, presumiblemente, un intento por parte de sus sacerdotes por incorporar a su dios en una mitología ya existente); o, con menor frecuencia, por un cocodrilo o una serpiente. En otras versiones, el mundo lo crea un dios con el poder de hacer retroceder las aguas primigenias. Puede que el huevo original, o incluso los dioses originales, fuera fertilizado por la serpiente primigenia Amón-Kematef.

Cualquiera que sea la secuencia concreta de acontecimientos, está claro que la flor de loto representaba un papel importante en la creación del mundo. El muy fragante loto azul (Nymphaea caerulea) es una forma de lirio acuático que florece en aguas calmas. Durante el día emerge sobre las aguas y extiende sus pétalos; por la noche su flor se cierra y desaparece de la vista al hundirse bajo las aguas. Este comportamiento, combinado con su belleza, convirtió al loto en un símbolo visible de renacimiento y resurrección, además de en una decoración adecuada para los muros de las tumbas. Por otra parte, la ubicuidad del motivo del loto azul ha llevado a algunos a sugerir que la flor pudo haber tenido un papel más directo en los rituales religiosos: como un narcótico alterador de la realidad que podría haber sido inhalado o añadido al vino y bebido. No obstante, investigaciones científicas han demostrado que tal cosa es improbable, pues el loto azul no posee alcaloides que puedan producir un efecto narcótico. Sin embargo, la flor del loto azul es una buena fuente de flavonoides, los agentes colorantes presentes en muchas frutas y vegetales y que tan sanos resultan. Hoy día los flavonoides se toman concentrados en preparados de herboristería como la ginkgo biloba, utilizada en la medicina tradicional china para prevenir los efectos del envejecimiento y mejorar la memoria a corto plazo.

2-Tumba de Petosiris sacerdote de Thot

Tumba de Petosiris, sacerdote de Thot.

En el 332 a. C., el año en que Alejandro Magno conquistó Egipto, Petosiris, gran sacerdote de Thot y quien controlaba el templo de Hermópolis Magna, comenzó a construirse una tumba familiar elaboradamente decorada en el cercano cementerio de Tuna elGebel. En una larga inscripción biográfica de esta sepultura podemos leer cómo Petosiris fue llamado para que restaurara el templo de Thot, que había resultado dañado durante la segunda y turbulenta época de gobierno persa. En ella detalla las mejoras administrativas que introdujo —restauración de los rituales, mantenimiento de las ofrendas, control de los sacerdotes, además de llenar los almacenes del templo con grano y su tesoro «con todas las cosas buenas»— antes de contarnos cómo había fundado un nuevo templo para Ra, «el lactante en la Isla del Fuego», y santuarios para las diosas Hathor y Nehmttawy (consorte de Thot). Por último, centra su atención en el muy abandonado parque del templo: 2

Construí un recinto en torno al parque,

para que no fuera pisoteado por la chusma,

pues es el lugar de nacimiento de todos los dioses

que comenzaron a ser en el principio.

este punto, los desgraciados lo habían dañado,

los intrusos lo habían atravesado;

los frutos de sus árboles habían sido comidos,

sus arbustos llevados a las casas de los intrusos;

toda la tierra estaba escandalizada por ello,

y egipto estaba angustiado por ello,

pues la mitad del huevo está enterrada en él…

Parece que los restos del primer huevo, eclosionado sobre la colina de la creación, estaban enterrados en el parque del templo en Hermópolis Magna. Nada tiene de extraño que Petosiris se preocupara de que la zona volviera a ser segura de nuevo. Resulta evidente que Thot aprobó las acciones del gran sacerdote, pues el propio Petosiris nos cuenta que murió «distinguido entre todos mis pares, como mi recompensa por haberlo enriquecido [a Thot]».

3-Ogdóada

Ogdóada.

Seis de los ochos dioses de la Ogdóada Hermopolitana cayeron en una relativa oscuridad, pero Amón y su consorte Amaunet continuaron siendo reverenciados a más de 300 kilómetros río arriba de Hermópolis Magna, en la sureña ciudad de Tebas. Cuatro reyes de la XII dinastía nacidos allí incluyen a este dios en su nombre, Amenemhat, que significa «Amón es preeminente». Durante el Reino Nuevo, Amón de Tebas se unió a Ra de Heliópolis. Juntos formaron el poderoso dios-rey Amón-Ra, adorado junto a su nueva esposa Mut (una sustituta más «intuitiva» para el usuario que Amaunet) y su hijo Khonsu en el amplio complejo del templo de Karnak en Tebas, en la orilla este del Nilo. A pesar de este fracaso matrimonial, el culto a Amaunet sobrevivió en la región tebana hasta el período Macedonio, y la diosa aparece representada en un muro del templo de Karnak mientras amamanta y protege al faraón Filipo Arrideo; en este caso su protección falló, porque el medio hermano de Alejandro Magno fue asesinado sin siquiera llegar a poner un pie en Egipto.

Mientras tanto, su cada vez mayor importancia originó una revisión de la historia de Amón. Tras absorber parte de la mitología del dios Montu, se convirtió en un poderoso guerrero al que se le atribuye la expulsión del norte de Egipto de los odiados gobernantes hyksos, ocurrida a principios del Reino Nuevo. Como los sucesivos faraones fueron haciendo donaciones cada vez más generosas a sus templos, Amón creció en riqueza y poder hasta que sus sacerdotes llegaron a controlar importantes bienes —grandes cantidades de tierras, minas, barcos y trabajo de campesinos— repartidos por todo Egipto. Con la apariencia de un hombre joven con faldellín corto, barba curva y una corona tocada con dos altas plumas, Amón se parecía al rey al que protegía. Resulta indudable que se trata de una similitud deliberada; ningún rey en su sano juicio se habría mostrado contrario a ser confundido por el mismísimo gran dios. Resulta lógico entonces que cuando Ramsés II (XIX dinastía) se encontró en un aprieto, abandonado por sus cobardes tropas en el punto culminante de la batalla de Kadesh, en su desesperación recurriera a Amón. Si bien se hallaba a muchos kilómetros de distancia, a salvo en el oscuro santuario de su templo tebano, el dios no desilusionó al rey; la dramática historia del legendario triunfo de Ramsés fue grabada en prosa, verso e imágenes en los muros de su templo, para que todos disfrutaran de ella:

No había ningún oficial conmigo, ningún carrero, ningún soldado y ningún portador de escudo. Mi infantería y mis carros habían huido ante el enemigo y ningún soldado se mantuvo a pie firme para luchar conmigo. Desesperado, recé en voz alta:

—Oh padre mío, Amón, ¿qué está sucediendo? ¿Acaso está bien que un padre le dé la espalda a su hijo? ¿Estás decidido a ignorar mi situación? ¿Acaso no obedezco todos tus mandatos? He seguido todas las órdenes que me has dado. Amón, señor de Egipto, eres demasiado grande como para permitir que unos extranjeros interrumpan tu camino. ¿Qué son estos desgraciados y ateos asiáticos para ti, Amón? Te he construido muchos monumentos, y he llenado tus templos con botín de guerra. Te he dedicado mi templo funerario, y lo he dotado con toda mi riqueza. Te he dado las tierras que necesitas para mantener tus altares. He sacrificado diez mil reses y quemado muchos tipos de hierbas aromáticas ante ti. He construido magníficas entradas monumentales para ti, y erigido sus astas de bandera yo mismo. Te he traído barcos en condiciones de navegar y obeliscos de Yebu. ¿Acaso a partir de ahora la gente tendrá que decir: «No se gana mucho confiando en Amón»? Estoy contando contigo. Haz lo correcto conmigo y te serviré con un corazón amante. Recurro a ti, mi padre Amón. Estoy en medio de una nube de extranjeros hostiles y todos los países están aliados contra mí. Estoy completamente solo; no hay nadie conmigo. Mis tropas han huido y ninguno de mis carreros está preparado para defenderme. Grito pidiendo ayuda, pero no escuchan mi llamada y no vienen. Sin embargo, sé que Amón me ayudará más que un millón de soldados, más que un centenar de millares de carreros, más que diez millares de hermanos e hijos. Los actos de los mortales no valen nada: Amón es una ayuda mucho más grande de lo que ellos pudieran llegar a serlo.

4-Dios Montu

Dios Montu.

Si bien recé a mi distante tierra, mi oración fue escuchada en la lejana Tebas. Amón escuchó cuando lo llamé; me tendió la mano y me regocijé. Me habló con tanta claridad como si estuviera cerca:

—Ve hacia delante, porque estoy contigo. Tu padre está contigo y guía tu mano. Triunfaré sobre un centenar de miles de hombres, pues soy el señor de la victoria y recompensaré tu valor.

De repente mi corazón se hizo fuerte y mi pecho se hinchó de alegría. Supe que era invencible e imparable. Me había convertido en el gran dios Montu. Aparecí ante el enemigo como Seth en su momento. Los carros enemigos se dispersaron delante de mis caballos. Ninguno de ellos se detuvo a luchar. Sus corazones temblaron de miedo en cuanto me vieron y sus brazos se volvieron fláccidos, de tal modo que no pudieron disparar. Sencillamente no tenían ánimos para coger sus lanzas. Les hice zambullirse en el río, como los cocodrilos se zambullen en el agua. Cayeron sobre sus caras, uno encima del otro, y los masacré a mi placer. No miraron atrás y no dieron media vuelta. Aquellos que cayeron no volvieron a levantarse.

Pero Anión no era sólo el guerrero de leyenda que esta historia «verdadera» sugiere. También era «el oculto», cuyo verdadero nombre no podía revelarse nunca; un antiguo y poderoso creador, pese a su invisibilidad, con una fuerte afinidad con el muy visible sol. El Papiro Leiden (XIX dinastía) es uno de los muchos textos que lo documentan, reconociendo a Amón como «aquel que se dio forma a sí mismo, cuya apariencia es desconocida» y precursor de todos los dioses.

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Dios Egipcio Min.

Como corresponde a alguien oculto, Anión se muestra discreto: sus hechos, en su mayor parte, quedan velados a nuestros ojos. No obstante, sabemos que puede identificarse tanto con el Gran Graznador (el ganso que creó el primer sonido y puso el primer huevo) como con Amón-Kematef, «Amón que ha completado su momento» (la potente serpiente que fertilizó el primer huevo en el templo de Medinet Habu). La potencia sexual de Amón era un aspecto importante de su persona. Rituales (sin especificar) del Reino Nuevo requerían que fuera estimulado por la sacerdotisa real conocida como «esposa del dios» o «mano del dios»; en ocasiones incluso hace el amor con la reina humana para engendrar un rey semidivino. Durante el Reino Medio Amón fue asociado con el dios de la fertilidad Min, en la forma itifálica Amón-Min y también como el auto-engendrado Min-Amón-Kamutef, «toro de su madre». A finales del Reino Nuevo era reconocido asimismo como un carnero sexualmente potente.

 

PTAH DE MENFIS

La capital del Reino Antiguo, Menfis, se encuentra a unos 32 kilómetros de Heliópolis, al otro lado del río. Era aquí donde Ptah, un antiguo dios de la tierra particularmente interesado en los albañiles, los constructores y los escultores, era adorado por un sacerdocio dirigido por el «principal de aquellos que supervisan a los artesanos». El templo de Ptah, los palacios reales, los edificios administrativos y los cercanos complejos piramidales habrían creado una demanda constante de objetos de gran calidad, que a su vez habrían contribuido a incrementar la importancia del dios artesano en la ciudad. En su apogeo, el complejo templario menfita de Ptah debió de haber rivalizado e incluso sobrepasado al complejo del templo de Karnak, tanto en tamaño como en complejidad, con templos principales y secundarios, santuarios menores, entradas monumentales, avenidas procesionales y lagos sagrados. Desgraciadamente, hoy día el complejo de Ptah está casi por completo destruido, pues sus piedras fueron reutilizadas en edificios posteriores.

Cuando Ptah aparece con forma humana invariablemente lleva un sudario o capa larga ajustada, que le deja las manos libres para sujetar un cetro donde se combinan los símbolos del pilar djed (la columna vertebral de Osiris, que significa estabilidad), el was (símbolo de dominio) y el ankh (la cruz con lazo, que significa vida). También viste un ajustado gorro de artesano y un collar ancho con un abultado contrapeso colgando por la espalda. Su cara es azul, el color del cielo, mientras su barba, al principio curvada como la de otros dioses masculinos, pasó a ser recta durante el Reino Medio. En Menfis, Ptah estaba asociado tanto al dios Tatenen, la emergente colina de la creación, como a Sokar, otra antigua divinidad del artesanado asociada con el trabajo del metal, el cementerio y el más allá. La triple deidad Ptah-Sokar-Osiris llegó a simbolizar el ciclo de la vida —creación (Ptah), muerte (Solar), resurrección (Osiris) —, por lo que se convirtió en un juez adecuado para el otro mundo. La esposa de Ptah, Sekhmet, era el poderoso álter ego con cabeza de leona de la amable diosa Hathor, mientras que el hijo de ambos, Nefertem, era la personificación del loto azul y, debido a ello, estaba asociado tanto con Ra como con la primera flor aparecida sobre la Isla de la Llama. No obstante, había otros progenitores que reclamaban la paternidad de Nefertem, por lo cual también puede ser reconocido como hijo de la diosa Wadjet o de Bastet.

6-Dios egipcio Ptah de Menfis

Dios Egipcio Ptah de Menfis.

Los dioses egipcios apenas tiene contacto directo con los meros mortales. No obstante, Ptah escuchaba y respondía a las oraciones de la gente. En reconocimiento a esta característica, las estelas que se le dedican a menudo están decoradas con grandes orejas talladas, destinada a facilitar que el dios escuche; en ocasiones, el mismo Ptah es asociado con la personificación divina del oído, Sedjem. No siempre era algo bueno que las orejas de Ptah no dejaran de escuchar. Cuando el dibujante Neferabu ofendió a Ptah al realizar un juramento en falso, la respuesta del dios fue dejarlo ciego: 3

Soy un hombre que juró utilizando en falso el nombre de Ptah, señor de Maat

y él hizo que viera la oscuridad durante el día.

Declararé su poder al tonto y al sabio,

al pequeño y al grande.

¡Tened cuidado de Ptah, señor de Maat!

¡Pues no se le escapan los actos de nadie!

Abstente de pronunciar el nombre de Ptah en falso,

mira, aquel que lo pronuncia falsamente, mira, cae.

La función más conocida de Ptah, la de creador que lleva la fertilidad agrícola a Egipto, ya aparece mencionada en los Textos de los ataúdes; y es explorada de nuevo en himnos de época ramésida, donde es descrito como «Ptah, padre de los dioses, Tetenem, el más anciano de los originales … quien se engendró a sí mismo por sí mismo». Parece que Ptah el metalúrgico diseñó y fundió toda la tierra, forjando un cuerpo para el difunto y reciente rey divino a partir de electro (una valiosa mezcla de oro y plata), cobre y hierro. Los metales estaban reservados a los dioses, cuya carne de oro cubría unos huesos de plata, como queda reflejado en las doradas estatuas de culto presentes en la mayoría de los santuarios de los templos; si bien Ra y el resto de divinidades solares no necesitaban una estatua dorada, pues sus templos estaban abiertos a los cielos, lo cual permitía que el sacerdote oficiante estuviera en contacto directo con el mismísimo dios. El ptolemaico Papiro Jumilhae 4 ofrece una explicación para la inusual y extremadamente cara estatua de culto en plata del dios Anti, con cabeza de halcón. Tras haber cometido un crimen horrible (posiblemente la decapitación de una deidad bovina), Anti fue despojado de su piel y su dorado pellejo colgado de un poste, dejando expuestos así sus huesos de plata. Al final, la diosa agraviada le perdonó y le devolvió la carne por medio de su leche; pero a partir de entonces la estatua de culto de Anti se fabricó de plata. La bastante inconexa recitación 942 de los Textos de los ataúdes proporciona más datos sobre la historia, pues nos dice que Anti fue, o bien desollado vivo, o bien le afeitaron las patillas porque «puso la tierra boca arriba».

7-Cruz egipcia o Ankh que significa vida

Cruz Egipcia o Ankh, que significa vida.

El mito de la creación de Ptah se conserva sobre todo en las sesenta y dos columnas de texto grabadas en una losa de brecha verde oscuro conocida hoy día como la Piedra de Shabaqo.s La Piedra de Shabaqo 5 es de procedencia desconocida, si bien su texto sugiere que probablemente su origen sea el templo de Ptah en Menfis. Durante la época romana, cuando se reutilizaron algunos de los bloques de piedra del templo, fue empleada como piedra de molino, lo que originó grandes daños en el centro del texto. La Piedra narra cómo Shabaqo (rey nubio de la XXV dinastía egipcia), un anticuario entusiasta con gran interés por la religión tradicional egipcia y un deseo igual de grande por equipararse a los faraones de la Antigüedad, quedó horrorizado al descubrir que un antiguo rollo de papiro utilizado en la biblioteca del templo de Ptah había sido parcialmente comido por los gusanos. De inmediato Shabaqo ordenó que la parte intacta del rollo fuera copiada en una losa de piedra (la Piedra de Shabaqo) y exhibida en el templo.

En un primer momento, el lenguaje arcaico del texto convenció a los estudiosos de que Shabaqo realmente había copiado un papiro antiguo, muy probablemente fechado en el Reino Antiguo. No obstante, en la actualidad se ha llegado a la conclusión de que el texto es una composición mucho más tardía, redactada deliberadamente con términos arcaicos para darle una pátina de antigüedad y sabiduría. Parece poco probable que el texto fuera compuesto mucho antes del reinado de Shabaqo y, ciertamente, no antes del Reino Nuevo. Se trataría, por tanto, de un intento deliberado por congraciar a la nueva familia real egipcia, que ahora gobernaba desde Menfis, con el antiguo sacerdocio de Ptah. Si bien éste es un dios antiguo que ya era adorado en el dinástico temprano, su primera mitología se ha perdido y apenas aparece mencionado en los Textos de las pirámides. La pregunta que queda en el aire es si Shabaqo conservó un mito ya existente o si se inventó su propia historia.

Hoy día el mito de Shabaqo es conocido como la Mitología Menfita. Once columnas de texto en el lado derecho de la estela relacionan la mitología de Ptah con la historia de la creación heliopolitana. El texto confirma que Ptah- Tatenen comenzó a existir antes que Atum y que fue capaz de crear todas las cosas «por medio de su corazón y por medio de su lengua». Atum y la Enéada fueron creados mediante el corazón y la lengua. Ptah, el creador supremo, no tiene necesidad ni de un compañero ni de recurrir a la masturbación. Prescindiendo de lo físico, es capaz de reproducirse utilizando la inteligencia (los egipcios pensaban que era el corazón, más que el cerebro, la sede del intelecto) y la palabra hablada (órdenes).6 Es indudable que el orden de la creación posee importancia para Shabaqo, pues se menciona con cierto detalle:7

8-Piedra de Shabaqo

Piedra de Shabago.

Así, se dice de Ptah: «Aquel que hizo y creó todos los dioses,. Y es Tatenen, quien dio a luz a los dioses, y del cual proceden todas las cosas, alimentos, provisiones, ofrendas divinas, todas las cosas buenas. Así se reconoce y comprende que es el más poderoso de los dioses. Así Ptah quedó satisfecho después de que hiciera todas las cosas y todas las palabras divinas.

Dio a luz a los dioses,

hizo las ciudades,

estableció los nomos,

colocó a los dioses dentro de sus santuarios,

dispuso sus ofrendas,

estableció sus santuarios,

hizo sus cuerpos acorde a sus deseos,

así sus dioses entraron en sus cuerpos,

de cada madera, cada piedra, cada arcilla,

todas las cosas que crecen sobre él

en el cual llegaron a ser.

Así fueron reunidos para él todos los dioses y sus kas (almas),

contentos unidos con el Señor de las Dos Tierras.

No obstante, cuando se deconstruye, esta historia en apariencia sencilla se vuelve sorprendentemente compleja. Nacido del corazón y la lengua de Ptah, Atum es tanto un hijo como una manifestación del dios, quien contiene a Nun o Naunet, o a ambos. Alternativamente, en una tradición tardía Tefnut puede ser considerada la lengua de Ptah, convirtiéndose así en una deidad creadora. Los Textos de los ataúdes personifican los atributos creadores del dios sol en las deidades Sia (percepción), Hu (habla autoritaria) y Heka (magia, o energía creadora); combinados, estos tres seres hacen de catalizador que ayuda al dios sol, ya sea Atum o Ra, a crear. Una tradición posterior mantiene que Sia y Hu crecieron a partir de la sangre derramada por el pene cortado de Ra sobre la colina de la creación, de tal modo que ambos pueden ser considerados hijos del dios sol. Durante el Reino Nuevo también fueron reconocidos como el corazón y la lengua de Ptah. Con Sia y Hu a su lado, Ptah fue capaz de planear la creación y luego de pronunciarla. Escritos posteriores relacionarán de forma más estrecha a Ptah con la teología hermopolitana, reconociéndolo como el padre de la Ogdóada.

9-Hu, Sia y Heka

Hu, Sia y Heka.

Dentro de los terrenos de su templo funerario vivía la manifestación física del alma de Ptah. El toro Apis no era Ptah, que nunca aparece representado como este animal, sino más bien el avatar del dios. No obstante, el bóvido bien puede haber empezado su vida como una divinidad en sí misma, pues desde la I dinastía se celebraban fiestas que relacionaban a Apis con la realeza. Sólo podía haber un Apis vivo a la vez. Tras la muerte del viejo toro su sucesor era identificado por unas marcas distintivas, que según Heródoto:

Es negro y tiene en ¡afrente una marca triangular de color blanco, en el lomo la figura de un águila, los pelos de la cola de doble tallo y bajo la lengua un escarabajo. 8

Una vez reconocido por los sacerdotes, el nuevo Apis era conducido a Menfis, donde vivía la regalada vida de un rey, con su propio palacio y harén de vacas núbiles. Su madre, que era identificada con Isis, disfrutaba de una vida igual de lujosa. Tras su muerte, su momificación y su entierro en el Serapeo de Saqqara (el cementerio de los toros), Apis se transfiguraba en Osirapis, una forma de Osiris que era conocida como el «Toro de Abydos». Mientras el viejo Apis pasaba por los rituales de la casa de embalsamamiento, tenía lugar en Egipto una búsqueda a nivel nacional para encontrar a su sucesor.

Con el paso del tiempo, Apis desarrolló una historia propia para explicar su nacimiento. En general se aceptaba que había nacido de una vaca virgen preñada por Ptah. No obstante, Plutarco nos dice que Apis había nacido de la pálida luz de la luna, mientras que Heródoto estaba convencido de que fue concebido por la luz de un rayo. Los sacerdotes de Ra afirmaban incluso que el padre de Apis era el propio toro sagrado del dios sol, Mnevis de Heliópolis. Mnevis (o Merwer) hacía las veces de avatar de Ra-Atum. Hijo del Mnevis anterior y de una de sus bovinas esposas sagradas, el nuevo Mnevis era completamente negro. Cuando aparece representado está tocado con un disco solar y un ureus entre los cuernos, como sucede con Apis.

Desde el comienzo mismo de la época dinástica, los toros salvajes fueron aceptados como símbolos de dominio y fertilidad masculinos. Como tales, no tardaron en ser identificados con el poder político. La Paleta de Narmer (Nagada III/dinastía O) es una paleta para cosméticos ceremonial de grandes dimensiones, descubierta en las ruinas del antiguo templo de Horus en Hieracómpolis (la moderna Kom el-Ahmar). Demasiado grande y pesada como para tener uso práctico, se cree que la paleta formaba parte de la parafernalia original del templo; expuesta quizá en un marco diseñado para mostrar los elaborados grabados de sus dos caras. En ellos podemos ver al primer rey de Egipto adoptando la forma de un toro para masacrar a un enemigo ante las murallas de una ciudad. Las dos escenas principales muestran a Narmer con forma humana y con una cola de toro que le cuelga del cinturón y llega más abajo del faldellín. La cola de toro continuará formando parte de los símbolos de la realeza y de la vestimenta de algunos dioses (incluidos Atum, Ra, Shu, Amón y Thot) durante toda la época dinástica.

10-La Paleta de Narmer.metirta.online

La Paleta de Narmer.

La primera caza del toro data del reinado de Aha, hijo de Narmer (I dinastía). Las luchas de toros (entre ellos más que contra una persona) aparecen en varias tumbas del Reino Antiguo localizadas en el Alto Egipto, encontrándose las mejores representaciones en el cementerio de Akhmin. En ellas, el toro Buquis, que posee un pelaje blanco y negro, además de ser un luchador de prestigio nacional especializado en la cura de enfermedades oculares, aparece asociado al dios local, Montu de Armant.

No existen textos que expliquen la Paleta de Narmer ni las demás paletas predinásticas decoradas; pero la relación entre un liderazgo fuerte y animales poderosos —toros y leones sobre todo— es evidente. Parece que el cazador que mata a un animal salvaje puede absorber parte de la esencia de ese animal, mientras que el guerrero que adopta la forma de un animal para matar posee las características y fuerza del animal escogido. Las escenas de caza regia siempre fueron una parte importante del repertorio artístico, pues todos los reyes utilizaron aventuras cinegéticas, reales o imaginarias, para confirmar su superioridad sobre el caótico mundo natural. De modo que cuando Amenhotep III presume de haber matado a 96 toros salvajes y 102 (o 110) leones está confirmando tanto su propia forma física como enfatizando su capacidad para mantener maat, lo cual demuestra a su vez que cuenta con el favor de los dioses. Al final de la época dinástica, este simbolismo cinegético fue llevado hasta extremos ridículos. A los reyes ptolemaicos les gustaba representarse «alanceando la tortuga de Ra», no porque abandonaran sus palacios para cazar quelonios, sino porque las tortugas, junto a las serpientes, el onix, el animal de Seth y los extranjeros se habían convertido en símbolos del caos.

Del mismo modo, todos los reyes de Egipto utilizaban «escenas de golpear» para enfatizar su control sobre el caos. Siempre se trata de la misma escena: el rey alza una porra, maza o espada para matar a un enemigo, que se arrastra a sus pies sin resistirse y representado a escala menor. De nuevo volvemos a encontrar el primer ejemplo de esta escena en la Paleta de Narmer, y de nuevo es una iconografía que se conserva prácticamente sin cambios hasta el final de la época dinástica. Las imágenes de batalla en las que el soberano conduce un carro mientras aplasta enemigos representados a pequeña escala expresan un mensaje similar de despiadado control regio. En general se asume que las escenas de golpear al enemigo son una representación simbólica del acto de llevar la justicia (maat) a un derrotado (y caótico) enemigo. No obstante, dada la aceptación del sacrificio de animales y el desprecio sentido hacia los prisioneros de guerra, resulta posible que este tipo de escenas deba leerse como representaciones literales de un ritual ocasional.

 

KHMUN DE ELEFANTINA

Khmun habita en la frontera meridional de Egipto, en la isla de Elefantina (justo enfrente de la moderna ciudad de Asuán). Desde aquí controla las aguas de la inundación, que llegan a Egipto desde el Nun por una caverna subterránea secreta. La llamada Estela del hambre, una inscripción ptolemaica grabada en una roca de la isla de Sehel, cerca de Asuán, celebra los logros de este dios. Narra cómo el rey Djoser, preocupado por los siete años de hambruna provocados por la sequía, consultó al sacerdote Imhotep. Éste se retiró a meditar la cuestión en la biblioteca del templo y regresó para hablarle al rey del papel de Khmun como controlador de las aguas de la crecida. Esa noche, antes de retirarse, Djoser realizó una serie de tareas que le había dicho el sacerdote. Fue recompensado entonces con un sueño durante el cual le visitó el mismísimo dios. Khmun le prometió terminar con la sequía: «Permitiré a tu pueblo llenar … los años de hambre terminarán». Resuelto su problema, el agradecido rey realizó una generosa donación al templo de Elefantina.

El Nilo no era sólo el centro de Egipto, era básico para el pensamiento faraónico. Sencillamente, para los egipcios resultaba imposible imaginar una tierra sin río y cualquier representación del más allá incluye siempre algún tipo de vía acuática. Por ello resulta muy difícil comprender por qué los egipcios nunca llegaron a tener una poderosa deidad fluvial que acompañara a los dioses del sol, la atmósfera, la tierra y el cielo, creados al comienzo del tiempo. En vez de ello Egipto tenía a Hapy, el dios de la inundación, que en ocasiones también representa al río.

Hapy, «señor de los peces y las aves», es un hombre grueso de piel azul o verde cuyo hinchado vientre y colgantes pechos le dan un aspecto andrógino. En una tierra donde las mujeres de la élite son representadas invariablemente esbeltas, sus esposos y padres con frecuencia eligen aparecer con el redondeado estómago y los estilizados michelines que atestiguan una vida envidiable rica en alimentos, de modo que podemos asumir que Hapy es redondo porque ha comido a menudo y bien. Lleva un tocado de tallos de papiro y loto, además de una larga peluca, un breve taparrabos y muchas veces una bandeja de ofrendas en la que se amontonan los alimentos. Las anónimas deidades fluviales que aparecen en la decoración de los templos llevando sus propias y copiosas ofrendas al rey celebran la abundancia de Egipto, pero carecen de mitología conocida.

11-Dios egipcio Khmun de Elefantina

Dios Egipcio Khumun de Elefantina.

Se creía que Hapy vivía en cavernas subterráneas cerca de Asuán (si bien en algunas narraciones la inundación comienza más al norte, en Gebel Silsila), donde como es lógico era ayudado por dioses cocodrilo y diosas rana. Su potencial era innegable. La Estela del hambre nos dice que «trae las aguas de la crecida; saltando, copula como un hombre copula con una mujer». Evidentemente, como estamos hablando de Egipto, existen interpretaciones alternativas sobre la inundación anual, que puede ser un don de Sotis, las lágrimas que Isis derrama por su fallecido esposo o incluso los líquidos que fluyen del descompuesto cuerpo de Osiris.

Como controlador de la inundación, Khmun estaba asociado tanto al renacimiento como al barro del Nilo; un recurso de inmensa importancia económica y acceso libre, que no sólo servía como suelo fértil, sino que también proporcionaba la cerámica y los ladrillos utilizados para construir los edificios de la arquitectura doméstica, que eran adecuadamente cálidos en el frío invierno y frescos durante el feroz calor estival. El barro, o la arcilla, era una sustancia misteriosa y mágica, capaz de adoptar y mantener una forma. Mientras los niños creaban juguetes con forma de pequeños animales de barro, y sus padres ladrillos y recipientes, Khmun daba forma a los seres humanos y sus almas con la arcilla que moldeaba en su torno de alfarero. No obstante, el uso de esta herramienta debe de ser una incorporación relativamente tardía a su mitología; pues, si bien ya era adorado en Elefantina durante el dinástico reciente, el torno de alfarero no se conoce en Egipto con anterioridad a la V dinastía. Esta mejora en su carrera queda confirmada por los Textos de las pirámides, que nos dicen que Khmun comenzó como artesano que hacía objetos inanimados —barcos y escaleras— en vez de seres vivos. A mediados del Reino Medio Khmun había progresado y ya daba forma a los vivos, pero todavía no era reconocido como un dios creador universal. La recitación 882 de los Textos de los ataúdes, que debe ser pronunciada por el dios sol, dice o bien «los tornos del alfarero están rotos» (traducción de Raymond Faulkner), o bien que «la llama del torno de alfarero cuando el disco es girado» (traducción de Peter Dorman): 9 el torno de alfarero que gira y emite luz cuando da vida a la arcilla inanimada está, por lo tanto, relacionado con el disco solar, como lo volverá a estar en la literatura funeraria del Reino Nuevo, donde es utilizado como símbolo de regeneración.

12-Las crecidas del Nilo

Las crecidas del Nilo

Al Khmun del Reino Nuevo se le atribuía la creación de los dioses, la gente (tanto los egipcios como los extranjeros que hablan otras lenguas) y los animales, un papel que mantuvo hasta el final de la época dinástica. El templo de Khmun en Esna (en su mayor parte de construcción romana) conserva en los muros y columnas de su sala hipóstila detalles de su trabajo y de las fiestas cultuales que lo celebraban. El Gran himno a Khmun era recitado durante la anual «fiesta de instalar el torno de alfarero». El himno proporciona una descripción casi anatómica del proceso de construcción, dejando claro que en este caso la creación de la humanidad es un acto deliberado y pensado a fondo: 10

Anudó el flujo de sangre a los huesos,

formados en su [taller] como su obra,

de tal modo que el aliento de la vida está dentro de todas las cosas.

sangre anudada con semen en los huesos,

para atar los huesos desde el principio …

hizo que el pelo naciera y las trenzas crecieran,

ajustó la piel sobre las extremidades;

construyó el cráneo, formó las mejillas, para dar forma a la imagen.

abrió los ojos, horadó las orejas,

hizo que el cuerpo inhalara aire;

formó la boca para comer,

hizo la [garganta] para tragar…

Con el cuerpo completo, Khmun supervisa entonces la concepción y, en el momento adecuado, hace que comiencen las contracciones anunciadoras del inicio del parto. El Gran himno termina detallando los diversos aspectos de Khmun, que es identificado con los demás dioses creadores.

Khmun no posee una mitología especialmente rica, pero sí posee una vida familiar complicada. En un principio estuvo asociado a Heket, la matrona divina y diosa rana; pero la mitología posterior lo relaciona con las diosas Satis y Anukis. Satis, la deidad original de Elefantina y guardiana de la frontera meridional de Egipto, lleva la corona blanca del Egipto meridional. Cuando Khmun es identificado con Ra, ella puede serlo con el Ojo de Ra; en otras mitologías la diosa es la consorte de Montu de Tebas. Anukis, la cazadora, lleva un tocado de altas plumas poco habitual. Tanto Anukis como Satis, que pueden o no ser madre e hija, son hijas de Ra, mientras que Anukis también puede ser hija de Khmun. Como diosa madre asociada a Hathor, en ocasiones se puede ver a Anukis amamantando al rey. Mientras tanto, en Esna, Khmun estaba asociado a la oscura diosa leona Menhyt (otra diosa ureus) y a la diosa creadora Neit; su papel como «señor de los cocodrilos» sugiere que puede haber sido el padre de, por otra parte huérfano, Sobek, el hijo cocodrilo de la diosa.

Khmun era un dios con cabeza de carnero. Originalmente llevaba los largos cuernos retorcidos como un tirabuzón de la Ovis longipes, la primera oveja en ser criada en Egipto. Después adquirió un segundo grupo de cuernos, los enroscados del Ovis plazyra, que en ocasiones lleva el dios Amón. Los egipcios apreciaban la constante fertilidad del carnero, fertilidad que como resulta evidente fue transferida a Khmun. La palabra egipcia para carnero, ba, suena como la palabra ba, que significa espíritu o personalidad; motivo por el cual Khmun era reconocido como el ba o espíritu del dios sol Ra, del dios de la tierra Geb y del rey del más allá, Osiris. Durante su viaje nocturno por el otro mundo, Ra aparece representado a menudo con cabeza de carnero y ocasionalmente es identificado como Khmun-Ra.

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El Carnero negro en Egipto.

Pero Khmun no es el único carnero creador. Heryshef (literalmente «Aquel que se encuentra sobre su lago») de Heracleópolis Magna (la antigua Hnes, cercana a la boca de Fayum) emerge de las aguas del Nun al comienzo de los tiempos para actuar como el «señor de la sangre y la carnicería», que protege al débil contra el mal. El Libro de los muertos nos dice que cuando la deidad sincrética Osiris-Heryshef fue coronada rey, todos los demás dioses se inclinaron ante él; incluso el descontento Seth lo hizo, si bien su rabia contenida le hizo sangrar por la nariz. No obstante, Osiris-Heryshef no tardó en extralimitarse. Cuando se colocó el ureus de Ra en la frente, su cabeza comenzó a hincharse de forma alarmante, lo que le originó un dolor insoportable. Ra fue capaz de curarlo sajando la hinchazón, dejando salir un lago de sangre y pus que se convirtió en el lago sagrado de Heradeópolis. Una historia similar de época ptolemaica narra la vez que Geb intentó ponerse el ureus de su padre Shu. Prácticamente al final de la época dinástica, se consideró que Heryshef, ahora identificado con el héroe helenístico Heracles, había ayudado a Alejandro Magno a expulsar de Egipto a los odiados señores persas.

MIN DE KOPTOS

Mientras que el orondo físico de Hapy era una señal de su fecundidad y su facilidad para conseguir abundantes alimentos, algunos dioses mostraban una sexualidad mucho más evidente. El dios Min fue adorado en la ciudad de Koptos (la moderna Qift, en el sur del país) desde finales de la época predinástica hasta finales de la época dinástica. Min era un dios de la fertilidad agraciado con la habilidad de crear: para celebrar esta capacidad era representado como una momia tocada con una alta corona de plumas, un flagelo que levantaba con el brazo derecho y el pene erecto. Su rostro negro enfatizaba sus poderes regenerativos, y a menudo aparece representado de pie delante de un jardín de lechugas. La lechuga, alta, grande y productora de una sustancia lechosa cuando es estrujada, era considerada un potente afrodisíaco. El templo del Dinástico Temprano dedicado a Min contaba con una serie de estatuas colosales de caliza, las primeras estatuas cultuales antropomorfas egipcias. Con más de cuatro metros de altura, todas ellas sujetaban con la mano izquierda una erección (¿quizá de madera?) hoy día desaparecida y están marcadas con el curioso símbolo de Min, que ha sido identificado con un rayo, una roca meteórica, un cerrojo de puerta, una flecha o un molusco. 11

La mitología de Min se desarrolló según fue avanzando la época dinástica. Si en un principio se trató de un dios local relativamente insignificante, durante el Reino Medio fue absorbido por la ampliada mitología heliopolitana, convirtiéndose en «MinHorus el victorioso», que o bien era el hijo de Isis y Osiris, o bien el esposo de Isis y padre de Horus. En el Reino Nuevo Min estaba asociado al dios creador Amón de Tebas, por lo que ambos llevan el tocado con dos altas plumas. Min-Amón era reconocido como Kamutef, el «toro de su madre», un dios que en secreto, por la noche, fornicaba con su madre y de este incestuoso modo se engendraba a sí mismo. El incesto madre-hijo no era considerado aceptable en el mundo humano, sin embargo Kamutef era aceptable como medio de enfatizar la naturaleza continua de la realeza en el seno de la semidivina familia real. Durante la fiesta de Min, celebrada en Karnak, la reina consorte representaba el papel de la madre de Min: al ser primero la esposa y luego la madre de un rey (si bien diferentes) continuaba la tradición del monarca que se engendraba a sí mismo.

14-Min de Koptos dios de la fertilidad

Min de Koptos dios de la fertilidad.

Los griegos asociaron a Min con su dios Pan. Medio hombre, medio cabra, dios de los pastores, los campos y la fertilidad, Pan era el seductor de muchas doncellas inocentes y con frecuencia era representado con el pene en erección. El hecho de que en el arte bidimensional Min siempre aparezca de lado con las dos piernas vendadas juntas, ha inspirado un mito moderno que los guías cuentan a los turistas: la historia de un dios con una sola pierna que viajaba, o así lo esperaba, por todo Egipto preñando a todas las mujeres.

 

NOTAS

  1. Como en Egipto se desconocía la brújula, los puntos cardinales eran determinados con referencia al río y el cielo.
  2. Traducción de Lichtheim (1980: 45-48: 47).
  3. Traducción de Lichtheim (1976: 109-110).
  4. Museo del Louvre E 17110.
  5. Museo Británico 498.
  6. La historia que conserva Shabaqo es la doctrina del Logos: la creación mediante la palabra hablada. Esta abstracta y sofisticada historia, que se anticipa en muchos años a la Biblia y su: «Y Dios dijo, “Que se haga la luz”» (Génesis 1: 3); «Al principio fue la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios» (Juan 1: 1), no sólo confirma la creación del hombre por parte de los dioses, sino la estructura política por parte de Ptah.
  7. Traducción de Lichtheim (1973: 51-57: 55).
  8. Historias 3:28. Traducción de C. Shrader, 2007, pp. 71-72. [En el original la traducción es de De Sélincourt (1996: 165).]
  9. Dorman (1999: 83-99: 82).
  10. Traducción de Lichtheim (1980: 111-115: 112).
  11. Actualmente, las estatuas están expuestas en el Museo Ashmolean, de Oxford.

 

 

 

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