16.- CONJUNTO ARQUEOLÓGICO DE TARRACO (TARRAGONA).

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD DESDE 2000

Durante muchos siglos Tarraco presumió de ser la capital de la provincia más grande del Imperio y la primera fundación romana en el continente después de Italia y las islas. El conjunto arqueológico que ha llegado hasta nosotros es uno de los más extensos conservados de la Hispania Romana, formado por un nutrido grupo de soberbios edificios y monumentos de calidad excepcional.

La actual ciudad de Tarragona se ha desarrollado escalonadamente desde la cima de un promontorio de 69 m de altura, coronado por la catedral, hasta el puerto. En la parte superior está ubicada la ciudad antigua, todavía cercada por el perímetro murado que trazaron los romanos. En medio se halla el centro de la ciudad actual y en la zona inferior se sitúa el barrio portuario y marinero.

29-Anfiteatro romano de Tarraco, contaba con un aforo de 15000 espectadores-metirta.online

EL ANFITEATRO

Al final del passeig de les Palmeres se puede admirar desde arriba la inconfundible silueta elíptica del anfiteatro romano. Este recinto fue inaugurado a inicios del siglo II d.C., extramuros de la urbe y muy cerca de la playa, de tal forma que sus constructores aprovecharon, según era costumbre, el fuerte desnivel para excavar en la propia roca una parte importante de la gradería.

El anfiteatro era el lugar que los romanos destinaban a la celebración de ciertos espectáculos, en especial los combates entre gladiadores y la lucha con animales salvajes. La acción se desarrollaba sobre un óvalo central, denominado arena. Bajo la arena existían varios corredores cubiertos, aún visibles, las fosas, donde se alojaban los artificios escenográficos. Un muro de unos 3 m, el podio, separaba la arena de las gradas, y estas, donde se acomodaba el público, estaban divididas en tres sectores bien definidos, uno inferior y privilegiado (3 gradas), otro intermedio (10 gradas) y el superior, más popular (11 gradas).

Para conmemorar el martirio de un obispo cristiano, ocurrido en el siglo III, se levantó en época visigótica una basílica (siglo VI) de la que se conservan los cimientos. Sobre este edificio se construyó en el siglo XII la iglesia románica de la Mare de Déu del Miracle, cuyos muros en ruinas aún se pueden contemplar sobre la arena del anfiteatro.

 

EL CIRCO

En el inicio de la Rambla Vella se halla la parte excavada más importante del circo romano (siglo 1 d.C.). La existencia de este monumento se conocía, hasta hace unos años, de un modo casi hipotético, pues la ciudad había crecido sobre el circo, adaptándose a sus estructuras principales. Así, el desnivel existente en algunas calles del casco antiguo se explica por esa misma adecuación de las casas a sus distintas partes. Ahora se puede visitar la llamada cabecera oriental, donde ha quedado al descubierto todo el sistema de galerías, accesos y gradas de este relevante conjunto arquitectónico. El circo romano era el lugar destinado, sobre todo, a las muy apreciadas carreras de caballos. Contaba para ello con una pista alargada (arena) en cuyo centro una barrera central (eurypus) delimitaba el trazado de la carrera.

En la excavación de la cabecera oriental se pueden admirar dos arcos monumentales, vestigios de los que adornaban su fachada principal, ante la Vía Augusta, y que permitían el acceso a las gradas a través de las impresionantes galerías abovedadas que las sostenían.

 

CASTELL DE PILAT

Desde la esquina del circo de la Rambla Vella se toma el passeig de Sant Antoni guiando por la robusta fábrica del Pretori, conocido también como Castell de Pilat. Se trata de una construcción romana del siglo 1 a.C., habilitada en la Edad Media como residencia real. Tanto en su aspecto externo como en su visita, se puede distinguir la obra romana de la reconstrucción medieval. En los sótanos de este edificio se puede contemplar y recorrer una impresionante galería longitudinal que pertenece a la estructura del circo.

Se desciende del Pretori por una escalera exterior que desemboca en la pina del Rei, lugar donde se encuentra el Museu Nacional Arqueológic, que expone una importante colección de cerámica, numismática y orfebrería de épocas ibérica, griega y romana, así como restos arquitectónicos y ornamentales. Para facilitar la visita a los monumentos y museos existe una única entrada que sirve para todos ellos.

30-Mapa de situación del conjunto arqueológico de Tarraco-metirta.online

MAPA DE SITUACIÓN DEL CONJUNTO ARQUEOLÓGICO DE TARRACO.

EL FORO ROMANO

La calle de Santa Anna conduce hasta la piala del Fórum, que conserva restos de uno de los complejos arquitectónicos principales de la ciudad romana. En torno al siglo I Tarraco contaba con dos foros, el de la ciudad y el denominado foro provincial, construido sobre la parte más alta como centro religioso y administrativo de toda la provincia de Hispania Citerior. Este foro, que se puede intuir perfectamente en el plano, tuvo dos áreas. En la parte superior, que se corresponde ahora con la catedral, se construyó el recinto de culto, una plaza (153 m por 136 m) porticada y presidida por un templo. En la parte inferior, anexa al circo, se trazó la gran plaza de la representación (175 m por 318 m), también porticada.

 

OTROS RESTOS ROMANOS

Existen otros recintos romanos, dispersos por la ciudad moderna, cuyas excavaciones también se pueden visitar. El otro foro de Tarraco, el foro local, se encuentra en el ensanche, por debajo de la Rambla Nova (se accede por el carrer de Lleida). Este foro fue el centro comercial, religioso y político de la urbe. Resta el costado norte del gran edificio de tres naves sostenidas por columnas y porticado que debía de ocupar el lugar principal.

A continuación del edificio del foro parte una vía empedrada en dirección a levante (el decumanus) junto a la base de varias edificaciones. Dos calles más abajo se encuentran los escasos restos que han quedado del teatro romano. En el lugar se ha descubierto un notable conjunto escultórico.

31-Acueducto de Tarragona o Pont del Diable-metirta.online

ACUEDUCTO DE TARRAGONA, O COMO PONT DEL DIABLE.

LA MURALLA

Extramuros de la ciudad antigua se creó un interesante Passeig Arqueológic entre la muralla romana y la contramuralla levantada en el siglo XVIII.

Hasta el siglo XIX Tarragona fue siempre una plaza fuerte, pero la estructura de las sucesivas murallas siguió siempre el perímetro trazado por los primitivos muros romanos. Al margen de la belleza de este paseo y de las vistas que proporciona sobre la ciudad, la observación de la muralla tiene algunos puntos de especial interés, como las torres de l’Arquebisbe, del Cabiscol y de Minerva, todas ellas pertenecientes a la primera construcción romana (siglo II a.C.). Sus lienzos están formados por una base de bloques ciclópeos, en la que se abren algunas pequeñas puertas, remontados por un alto muro de sillares. Una reforma posterior prescindió de torres, elevó la altura de la muralla y utilizó como relleno de los muros capas superpuestas de adobes. El conjunto exterior de la cerca romana se puede recorrer al completo, una vez concluido el Passeig Arqueológic, a lo largo de los paseos de Torroja y de Sant Antoni.

 

ALREDEDORES DE TARRAGONA

El legado romano de Tarragona no se circunscribe estrictamente al espacio que hoy ocupa la ciudad, sino que en sus alrededores se hallan dispersos numerosos vestigios de gran interés y valor histórico, algunos de ellos verdaderamente singulares.

En el término municipal de Constantí, al norte de Tarragona, se halla el mausoleo de Centcelles. Fue una villa romana hasta el siglo IV, y V, aprovechando la estructura de sus termas, se levantó posteriormente un mausoleo paleocristiano que hoy es uno de los principales testimonios del arte de esa época en la Península. Muestra una cúpula adornada con un espectacular mosaico de 11 m de diámetro, con escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Saliendo de Tarragona por la carretera N 240, en dirección a Lleida, a unos 4 km, se halla el cruce que permite acceder hasta uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad: el acueducto de Tarragona, o de les Ferreres, también conocido como el Pont del Diable. Es un acueducto romano construido en el siglo i y consta de dos pisos de arcos superpuestos, con una longitud de 217 m.

Tomando la N 340 hacia Barcelona se pueden ver otras dos importantes huellas del periodo romano. A 6 km de Tarragona está la torre deis Escipions, un monumento funerario del siglo i d.C. No muy lejos está la cantera del Médol, explotada en época romana para proveer a las construcciones de Tarraco; una aguja de 16 m de altura, que no llegó a extraerse, es un curioso testimonio de cómo eran los bloques de piedra que allí se obtenían.

También siguiendo la carretera N 340, tras pasar la localidad de Altafulla, se encuentra la villa romana dels Munts (siglos I-IV), con los restos de la residencia de un importante patricio deTarraco.

Finalmente, ya a 20 km de Tarragona por la N 340, se llega hasta el famoso arco de Berà, erigido en el último cuarto del siglo I a.C.

 

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