13.- PIRINEOS-MONTE PERDIDO.

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD DESDE 1997

Con un área total de 30.639 hectáreas, este espectacular paisaje montañoso en la frontera franco-española incluye territorios pertenecientes a dos Parques Nacionales: el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y la parte este del Parc National des Pyrénées, además de algunas zonas colindantes con estos. Espectaculares circos glaciales, multitud de lagos, cañones inverosímiles, cascadas, barrancos y torrentes configuran una variedad paisajística inmensa, revestida con una riqueza florística y faunística de enorme valor ecológico, un reducto excepcional de la naturaleza en su estado más puro.

22-Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido-metirta.online

PARQUE NACIONAL DE ORDESA Y MONTE PERDIDO.

EL VALLE DEL ARA

Desde Aínsa, la capital de la comarca del Sobrarbe y el mejor punto para iniciar una visita a  este inolvidable territorio, parte la carretera que remonta el valle del río Ara hacia el sector más occidental del Parque Nacional de Ordesa. Antes se pasará por la población de Broto, con sus atractivas casas de arquitectura tradicional y su singular iglesia de San Pedro Apóstol. Y puesto que tan solo hay que desviarse un kilómetro y medio, vale la pena acercarse hasta Oto, con una bellísima iglesia románica.

Poco más arriba está Torla, población cuya fotogénica y promocionada estampa, con las verticales paredes del Mondarruego como telón de fondo, ha hecho que se la identifique rápidamente con Ordesa. Muy cerca de Torla está Linás de Broto, que cuenta con una singular iglesia del siglo XVI, bien visible a pie de carretera. Antes de adentrarse en el emblemático valle de Ordesa, también resulta muy recomendable remontar el curso del río Ara hasta el valle de Bujaruelo, dentro ya del territorio protegido por la Unesco. La pequeña ermita románica y el puente medieval de San Nicolás de Bujaruelo configuran un bucólico paisaje a los pies del Vignemale y rodeado de un sensacional entorno vegetal.

 

EL VALLE DE ORDESA

Si en lugar de remontar el curso del río Ara hasta Bujaruelo se sigue su afluente, el Arazas, se llega hasta la famosa pradera de Ordesa, la puerta del valle de Ordesa y punto de partida de los numerosos senderos señalizados que se adentran en él. El itinerario más habitual es el que remonta el valle hasta su cabecera, en el circo de Soaso. La excursión discurre entre verticales paredes excavadas hace unos 15.000 años por un enorme glaciar que desde el macizo del Monte Perdido descendía en dirección oeste, en paralelo al eje de la cordillera pirenaica. Además del espectáculo geológico, la excursión permite disfrutar de densos bosques de hayas y abetos, y de espectaculares cascadas, como las conocidas Gradas de Soaso, una sucesión de desniveles por los que caen las aguas del Arazas.

23-Cascada en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido-metirta.online

CASCADA EN EL PARQUE NACIONAL DE ORDESA Y MONTE PERDIDO.

Ya en la cabecera, cae desde las verticales paredes de Soaso la tan fotografiada cascada de la Cola de Caballo. A partir de allí, siguiendo rutas bien marcadas (GR-11 o las conocidas como clavijas de Soaso), se pueden superar las paredes rocosas del circo para, tras algo más de una hora de marcha, acceder al refugio de Góriz (2.160 m), último campamento base antes de acometer el ascenso a los tres picos del macizo calcáreo en torno al que se articula el territorio protegido por la Unesco: el Monte Perdido, el Soum de Ramond y el Cilindro de Marboré.

Otra de las rutas que recorre la parte superior de Ordesa es la que, partiendo del primer tramo de la anterior, arranca de la capillita y el indicador que se hallan a unos diez minutos de la explanada de salida; este camino asciende hasta las llamadas clavijas de Cotatuero, siete grapas y asideros allí instalados en 1881, y tras unas dos horas más de camino lleva al circo de Carriata y al circo de Cotatuero, desde donde se contemplan unas vistas impresionantes sobre el valle.

Desde la Cola de Caballo se puede regresar a la pradera de Ordesa bordeando la cornisa calcárea desde media pared, a través de la faja de Pelay y la escarpada senda de los Cazadores. Son 7 km sobrevolando todo el fondo del valle, en una excursión memorable.

 

LOS VALLES DE ESCUAÍN Y AÑISCLO

Hay que volver de nuevo a Aínsa para disponerse ahora a remontar el valle del río Cinca. A la altura del pueblo de Escalona se halla el cruce de una carretera que inmediatamente se bifurca en dos opciones: el valle de Escuaín y el valle del río Bellós. Este último estructura una ruta que permite atravesar hasta la otra vertiente del parque, el ya visitado valle del Ara.

A Escuaín se llega por una estrecha y atractiva carretera, y dejando atrás algunas aldeas de idílica estampa. El pueblo se encuentra deshabitado durante gran parte del año, pero conserva inalterado un precioso conjunto de arquitectura pirenaica. Muy cerca del caserío puede contemplarse la famosa garganta de Escuaín, uno de los espacios más bellos y emblemáticos del parque nacional. Allí el río Yaga se ha abierto paso entre la roca calcárea, formando una profunda garganta. Un camino suspendido permite recorrer buena parte del cañón desde lo alto, pero existe también la posibilidad (de escasa dificultad) de tomar el camino que une Escuaín con el pueblo de Revilla y que desciende hasta el fondo de la garganta atravesando un frondoso ambiente vegetal.

Hay que retornar casi hasta Escalona para tomar ahora la carretera que discurre junto al encajonado curso del río Bellós y que roza el límite meridional del Parque Nacional. La carretera abre una de las mejores rutas en coche que pueden recorrerse en la zona, entre un angosto y frondoso valle.

También existe una carretera alternativa que discurre sobre el valle y une los núcleos de Puyarruego, deshabitado, Gallisué (1.051 m), Buerba (1.143 m) y Vió (1.210 m), este último con su iglesia románico-lombarda de San Vicente y con numerosas chimeneas cónicas típicas de la zona. En cualquier caso, el recorrido debe llevarnos hasta el puente y la ermita de San Urbez. Desde allí parte el sendero que se adentra en la inmensa y espectacular abertura del cañón de Añisclo, bajo la mole del Monte Perdido.

24-Mapa de situación Pirineos-Monte-Perdido-metirta.online

MAPA DE SITUACIÓN PIRINEOS MONTE-PERDIDO.

La carretera sigue ascendiendo hasta Nerín (1.281 m), un pequeño pueblo de arquitectura montañesa y con una iglesia románica del siglo XII.

Y aún más arriba, a 1.342 metros de altitud, esta Fanlo. Aunque se trata de la principal población del valle y cuenta con algunas casonas de porte nobiliario, protegidas con torres defensivas, en realidad Fanlo prácticamente no tiene población permanente. La apertura de varios circuitos para la práctica del esquí de fondo ha logrado reactivar la vida del pueblo.

Muy cerca de Fanlo está Buisán, con su iglesia románica de San Juan Bautista (siglo XIII) y un torreón defensivo del siglo XVI. Desde Fanlo se puede iniciar un vertiginoso descenso hacia la vertiente opuesta a la que se ha llegado, hasta el valle del río Ara.

 

EL VALLE DEL CINCA

El río Cinca nace en las laderas del Monte Perdido y discurre hacia el sur, configurando el acceso al sector oriental de Parque Nacional. Sin embargo, antes de llegar hasta su cabecera conviene recomendar con vehemencia algunos desvíos que pueden realizarse.

Pasado el núcleo de Hospital se verá el cruce que asciende, en una larga carretera, hasta la solitaria población de Tella, ubicada a 1.373 metros de altitud, en un llano natural entre la inmensidad de las montañas. En este excepcional emplazamiento, y poco antes de llegar al pueblo, se halla el fascinante dolmen de Tella, del que se dice que en sus alrededores tenían lugar las reuniones de las brujas del Sobrarbe. De hecho, Tella es un lugar misterioso, origen de numerosas leyendas de brujería, y en la diminuta población hay una extraña concentración de iglesias y ermitas románicas. Llegar hasta Tella es lento, pero el esfuerzo se ve recompensado por uno de los núcleos más sorprendentes del pirineo oscense.

Poco más arriba del cruce hacia Tella está Salinas de Sin, donde el río Cinqueta se une al Cinca. El Cinqueta estructura el valle de Gistaín, o Xistau, un valle cuyo secular aislamiento le ha permitido conservar incluso un dialecto propio, el chistavín, además de singulares danzas, trajes y costumbres. Sus tres núcleos principales son Plan, San Juan de Plan y Gistaín, característicos pueblos pirenaicos de rústica arquitectura.

Finalmente se llega a Bielsa, la última población del eje del Cinca antes de llegar al túnel de Bielsa, que ya comunica con Francia. Bielsa constituye la puerta de entrada al espectacular valle de Pineta, el más oriental de los valles que conforman el Parque Nacional. Se trata de un valle de origen glaciar encerrado entre verticales paredes y un paisaje vegetal soberbio. La carretera llega hasta la ermita de Nuestra Señora de Pineta (de la que dice la canción popular que “tiene una huerta, toda llena de flores hasta la puerta”) y el Parador de Monte Perdido. Desde allí parten numerosos senderos señalizados que se adentran en el Parque y que permiten acercarse hasta la inmensa cascada del Cinca o, para los excursionistas mejor preparados, hasta el balcón de Pineta y el lago Marboré, todo ello en la vertiente norte del Monte Perdido, frente a su famoso glaciar.

 

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